domingo, 11 de febrero de 2024

De tapas por Zaragoza

Zaragoza fue de nuestras primeras entrada en el blog, allá por 2.010. Cuando releímos la entrada vimos que antes éramos bastante parcos en las explicaciones. De aquellas hablábamos solo de algunos de los bares visitados y la información escaseaba. Por eso, aprovechando que hemos pasado por la ciudad un par de veces ampliamos la guía y os traemos un mejor resumen de como ir de tapas por Zaragoza.

En la anterior ocasión decíamos que la ciudad estaba bien para el tapeo pero sin llegar a enamorarnos. Era algo cara y la variedad un poco pobre, mucha croqueta y mucha gamba rebozada a precio exagerado. Ahora, años después, los precios se han mantenido y las barras han ampliado su oferta por lo que la sensación ha sido mejor.

Las zonas que hay en el centro para tapear son varias, pero las dos principales son los alrededores de la Plaza de Santa Marta y, sobretodo, la siempre llenísima zona de "El Tubo". Zaragoza tiene mucho donde escoger por lo que os marcaremos en amarillo los que hemos considerado imprescindibles. Tres en Santa Marta y tres en el Tubo... pero recuerda que hay decenas de sitios!!! 

Plaza de Santa Marta:

Los Vitorinos: siempre lleno y siempre con su amplísima carta. Este es, posiblemente, uno de los mejores bares de Zaragoza pero muchas veces es difícil entrar por la cantidad de gente y porque tiene un horario muy estricto. Nosotros pudimos hacerlo a última hora, cuando apenas quedaba de nada, pero aún así nos encantó. Es imprescindible.

- Tasca Santa Marta. Especializada en tostas y embutidos. Es un bar totalmente prescindible donde por dos cokes y tosta de jamón ibérico pagamos 8,20€

- Los  Zarcillos: nos metimos aquí al ver que había aparecido muchos años en la Guía Michelín y la verdad es que era un bareto genial, con una gran barra y un excelente camarero. De los de toda la vida; de los que, tras un vino, ya te ha contado su vida y con tres más se la cuentas tú a él. Tapa de migas y dos blancos menos de 8€

- El Lince. No se debe dejar de visitar. Aunque la primera impresión es de local con mala pinta y algo guarrete dan la que, según las guías, es la mejor tapa de Zaragoza: "El Famoso Lince" (también llamado Guardia Civil), un bocadillo de sardina rancia, pepinillo y pimiento rojo. A 3,5€ y muy rico. Puedes pedirlo que pique o que no pero ten en cuenta que si pides dos, el camarero puede decidir por ti y te servirá uno de cada. El servicio es de bar de toda la vida, son supermajos y no les vas a poder decir que no.

Zona El Tubo: la verdadera zona de vinos de la ciudad. En la confluencia de las calles Estébanes y Libertad se encuentra la mayor concentración de bares y ambiente de Zaragoza, sobretodo de noche. Hay gente en la hora del vermú pero cuando sobretodo se echan a la calle los zaragozanos es en la sesión cena. De hecho tuvimos que saltarnos muchos bares por la cantidad de gente que había.

- El Balcón del Tubo. Tenía carteles de haber ganado algunos premios en concurso tapas pero, como nos sentamos en terraza, directamente nos sacaron una carta de raciones. Nuestro plan era tapear pero al desconocer lo que tenían y dada la nula información por parte de los camareros tiramos de carta y nos tomamos un par de pinchos de boquerón, secreto ibérico y dos Coca-Colas. Nos cobraron 20 euros.

- La Ternasca: Un bar dedicado al cordero. Por y para los amantes del cordero que no debes saltarte si te gusta. La barra tiene de todo y es de las más variadas de la zona. Alguna tapa es carilla pero también son grandecitas. Una bomba de ternasco y la tapa que nos pareció la TOP: La churra (4,5€) una tosta de cordero que está para chuparse los dedos.

- Vinos Nicolás: Un bar de los que a mi me molan. Bareto bareto, con barra de acero inoxidable, con poco gasto en decoración pero mucha tapa donde elegir. Un bar amplio, con buen servicio y la  barra llena de pinchos. Lo más típico es el croquetón (3€) y ahora está mñas subitido de precio, alguna tapa como la empanada La Guacha está ya por los casí 4€. Vinos a 2,5€.


- Melí Mélo. (CERRADO TEMPORALMENTE) Un gastrobar, con una carta más refinada que el resto y una decoración más elegante. De tapas sofisticadas y, claro, mayor precio. Aún así yo lo pondría en una lista de imprescidibles. Nuestra elección fue Gyozas de conejo y una tapa de chocolate con aceite y sal. Con dos cavas al que le ponen una uva congelada todo por 10,80€

- La casa de las migas, como ya habíamos tomado migas en los Zarcillos pedimos croquetón y dos gambas Orly (gabardina). Y fue la peor croqueta de nuestra vida, no le gustó ni a los niños. Aunque, coño, la culpa es nuestra... ir a la casa de las migas a tomar croquetas no es de recibo... Al menos sigue siendo de los más baratos (y llenos) de la zona.

- El 21. Visitado en 2.016 no hemos encontrado info de si sigue abierto. Un bar juvenil con buena carta de raciones y tapas baratas. Tiene un ligero toque a bar low-cost. Ensaladilla, tapa el 21 de solomillo trufado con dos verdejos: 7,2 € (porecio 2.016)

- Los Rotos, nos metimos en un bar que queríamos probar "Sin nombre las tapas creativas" y acabamos en este. Resulta que estaban unidos. Los Rotos es una cadena con varios locales en Logroño o Madrid, donde sirven una pan relleno de distintas variedades de revuelto. Al final nos quedamos porque vimos que se podían pedir las tapas de un bar en el otro, que son el mismo y que creativo hay que ponerse para imaginar que esas tapas son "creativas".. Dos de langostinos rebozados y dos blancos 9,60€. Caro y prescindible,

Taberna La Casta. Quizá el más conocidos de los del Tubo. Por los años que tiene y por su fachada. Especializado en croquetas aunque también puedes probar alguna cosa más como las madejas, una suerte de zarajo aragonés más jugoso que éste. Lo normal allí es pedir croquetas y eso hicimos, probamos la más curiosa, la de gallina con chocolate (entre sorprendente y chocante el sabor) y una de rabo de toro. Los precios rondan los 2,5€ tanto el vino como el precio medio de la croqueta.

Y ahora si, creo que esta vez si os estamos mostrando una buena ruta y algunos bares que, si vais por allí, no podéis dejar de catar.

sábado, 10 de febrero de 2024

Arrocería D'Stapa

Las arrocerías en Madrid no suelen tener mucha calidad. No nos cansaremos de decirlo: hay pocas buenas y las que hay son bastante caras. Además están dispersas por distintas zonas de Madrid y casi ninguna por el centro. Encontrar una barata y de calidad como las infinitas que te puedes encontrar en la costa de Valencia es prácticamente imposible.

D'Stapa intentar ser una de estas: no tiene un precio exagerado, tiene una variedad de arroces bastante amplia y está situado en plena zona de La Latina, en la calle Segovia. Pero falla en la calidad, es bastante normalita. Un local con una entrada pequeña, un salón algo agobiante ya que no tiene muy buena acústica y se produce un ruido excesivo, al que, una altavoz con música no ayuda. El servicio, sin llegar a ser cuidado si que es bastante atento y bien gestionado. 

La carta tiene entrantes para la espera tipo croquetas, ensaladilla, berenjena o ensaladas pero en lo importante, en los arroces, tiene bastantes opciones: negro, a banda, de la huerta, paella, etc. Los precios medios van de los 18 a los 21 con alguna opción un poquito más cara (24-25€ por un senyoret o de bogavante). Como andamos buscando una buena paella valenciana en la capital y habíamos visto pasar una con los ingredientes tradicionales (judía verde, pollo, conejo y garrafón) optamos por pedir una. Nos llevamos una decepción, preparación buena, paella grande con capa fina y bien cocinada pero todo soso. Poco sabor en el arroz, fruto de un sofrito poco intenso. Judía verde que parecía que estaba solo cocida y carne sin gracia: pocos trozos y el conejo seco. Agradecer que tuviera garrofó, aunque tampoco estaba para echar cohetes.


Al final nos fuimos un poco con la sensación de siempre: en Madrid pagas más que en Levante por arroces peores y en D'Stapa, aunque no es el nivel de precios de L'Albufera o St.James, la paella al menos tampoco está al nivel en calidad.

domingo, 4 de febrero de 2024

¡Recorriendo la Bretaña francesa en caravana!

Hemos hecho una ruta en caravana. Si. En caravana. Nada de hoteles, camas cómodas y duchas de verdad. Los que nos conocen han flipado y nosotros también. La experiencia tiene sus pros y sus contras, pequeños espacios y cierto nervio sobre dónde dormir cuando eres novato. Pero también tiene la cosa bonita de organizarte el viaje a tu gusto y si tienes poca experiencia con la caravana Francia es el mejor país para soltarse porque está preparadísimo y se puede pasar la noche casi en cualquier lado. La ruta la hicimos por la Bretaña francesa, empezando y acabando en Nantes. Visitando ciudades preciosas y el gran objetivo del viaje: Mont Sant Michel

1ª parada Rennes quizá la etapa más sosa de la ruta, la ciudad medio cerrada y muerta un lunes y con pocas opciones para comer. Encontramos un sitio de menú; allí no son como aquí, se come más temprano, sobre las 12:30 o la 1, y suele ser un plato único con guarnición. Y eso comimos, en un coqueto local de la ciudad que merece la pena por lo "francés" que es: Le Tire Bouchon, comimos una merluza y un cerdo que estaban para morir pero estos platos así, a un español, se le suelen quedar cortos.


Curiosidad: los franceses son muy de lo suyo y de los productos de su tierra. Por eso, no te extrañe que aquí en algunos sitios no encuentres Coca-Cola y que la bebida que te ofrezcan sea Breitz-Cola


2ª parada Mont Sant-Michel: aquí hicimos noche en el camping del propio porque queríamos verlo bien. Es uno de los monumentos más impactantes que se pueden ver, una silueta reconocible e imponente. El acceso en coche no está permitido, se accede con un bus lanzadera gratuito desde la zona de parking y que además tiene paradas intermedias en la zona turística con varios hoteles y restaurantes. Elegimos uno de ellos para cenar La Salicorne (ex: La Rôtisserie) quizá mala elección porque los autobuses acababan tarde y quizá podríamos haber buscado algo en el propio Sant-Michel. La Salicorne no está mal, es un local de tipo funcional y de carta variada, pero no tiene nada reseñable. 


3ª Parada: Continuamos ruta hasta Sant Maló, una ciudad amurallada, de playas inmensas y paisajes preciosos. El interior de la muralla tiene algunos locales y en uno de ellos paramos a comer, en 
La Duchesse Anne - Crêperie un coqueto restaurante donde, es evidente se comen crepes. En esta zona los crepes salados los llaman "galettes", son algo más grandes y la masa se hace con trigo sarraceno lo que las hacen más amargos, menos dulces y un toque diferente. Son típicos de toda Normandia y Bretaña y se suelen preparar con huevos, jamón y otros ingredientes. El precio ronda los 9-11 euros Se puede acompañar con sidra, puedes pedir un vaso o un pitcher que es una jarrita que está muy apañada por 5€.


4ª parada: Dinan. Aparcamos junto al acueducto y subimos a ver el pueblo. Uno de los más bonito que vimos, con sus casas de vigas de madera, calles adoquinadas. Es transportarse a la edad media. Tras la visitas fuimos a dormir a un camping, Village Nature d'Or, al lado de Saint Brienc. Acaba de abrir y estábamos solos dentro de una cala donde no había nadie. La caravana, nos parece una lotería a la hora de parar a dormir y aquí nos tocó el gordo y fue genial dormir con esas vistas.


5ª Parada: Rumbo a Quimper para recorrer sus calles y ver la catedral de 
Saint-Corentin. En esta zona las iglesias tiene grandes ventanales con cristales de colores dando un toque mucho más vistoso a su interior que la sobriedad de las catedrales castellanas. Además, por ser Semana Santa, todas las imágenes estaban tapadas con velos para que los fieles se centren en la pasión de Jesús.


6ª parada: Concarnau para visitar la Ville Close una ciudadela que está en el mar, en una pequeña península fortificada llena de pequeños comercios para dar un paseo en plan cuqui.


7ª parada: Pont-Aven, donde fuimos con el objetivo de hacer noche y ver una ciudad distinta. De paisajes naturales y un rio que recorrer, entre sus puentes y paseos. Cuando llegamos, nos pasó como el primer día, todo cerrado. Solo encontramos un Michelín, pero comer de este palo en Francia se nos antojaba excesivo por lo que continuamos buscando bajo la lluvia hasta descubrir Le Moulin du Grand Poulguin. En teoría una pizzería pero que tenían de todo, además de un buen servicio y una gran ubicación junto al rio con ventanas sus rápidos. Salimos un poco del menú habitual y pudimos degustar unos caracoles 9,9€ y unos mejillones al vapor con patatas 12,9€. Completamos la cena con una pizza, un par de sopas, bebida y postre para todos y la cuenta fue de 20€/PAX.



8ª parada: Carnac donde se encuentra uno de los yacimientos de menhines y alineamientos de casi 3000 monolitos. Como llovía lo vimos en un tren que sale desde el centro de visitantes y te lleva por las grandes zonas de alineamientos

9ª parada: Vannes otro lugar que te transporta a una ciudad medieval, con sus casas de madera, la catedral, murlla y el castillo L'Hermine. Tras el paseo encontramos una crepería, La Diligence,  rustica y tradicional donde comimos como en casa un plato de "assiette de cochonnailles" (embutido de cerdo) y, como no, unas galettes.


Nantes: fin del viaje. Metimos la caravana el camping de Nantes y pasamos un par de días visitando la ciudad de Julio Verne. Recorriendo el centro, lleno de locales y restaurantes y un ambiente tremendo. No parecía Francia. Visitamos la isla de las máquinas, una parada imprescindible si vas con niños donde hay un taller donde crean máquinas con movimiento. La ciudad es pequeña pero es agradable de pasear y tiene rincones muy bonitos que no te perderás ya que hay una línea verde pintada en la ciudad que si la sigues te lleva a todos los sitios turísticos.


En Nantes hay infinidad de sitios para ir a tomar algo. Es una ciudad muy bulliciosa, no parece francesa de lo animada que está. Mucha gente joven en los innumerables locales del centro tomando un vino y una variedad muy grande de restaurantes. Paramos a cenar en La Cabane al que entramos solo porque había pato en la carta y, sin querer, descubrimos un encantador restaurante y muy bien atendido. Los niños tenían menú enfant por 10€ y nosotros tomamos un confit (19,9€) espectacular con un eclair de postre que tampoco estaba nada mal. Aquí pagamos 20€/PAX. La tónica del viaje fueron esos precios: 20 euros en restaurantes y 15€ en las creperías.


La última parada gastronómica fue La Cantine Du Curé, una crepería para despedirnos de las galettes y de la sidra. Un sitio tremendamente barato donde una galette no llega a los 7 euros y la cuenta para cuatro personas, con dos menús infantiles, dos galettes, postre y un pichet de sidra no llegó a 48€

No se si repetiremos el viajar en caravana pero si que es cierto que hacer una ruta como esta solo se puede hacer con ella y que en Francia es realmente fácil. Si te animas este es el mejor país para quitarse el miedo, las ciudades son preciosas y la comida no es cara. ¿A qué esperas?

viernes, 19 de enero de 2024

Cocido XXXV: La Gran Tasca

Está entre los clásicos del cocido madrileño en la capital y se considera uno de los imprescindibles junto con La Bola, Malacatín, Casa Carola, Taberna Daniela y L'hardy. Era el único que nos quedaba por probar y por fin pudimos hacerlo. Es un local que requiere reservar con tiempo, en temporada alta entre dos y tres semanas para los findes. Además, los fines de semana funcionan a turnos: 13 horas y 15:30.

Local de lo más clásico: cabezas de toro, fotos de toreros, famosos y toda la parafernalia de la gastronomía patria. Servicio de chaquetilla blanca, correcto y servicial. Un entorno de lo más tradicional donde nada más llegar te preguntan si quieres la carta o vas a tomar cocido, te sirven algo de beber y comienzas la comida con unas aceitunas de Campo Real. 

El cocido se sirve en dos vuelcos. La sopa fue, sin duda, lo mejor de la comida. De sabor intensísimo, fuerte y con presencia. Era de fideo gordo que pega mejor con sopas tan potentes. Te la sirve el camarero, aunque en alguna mesa dejaba la sopera, en otras se lo llevaba pero puedes repetir cuantas veces quieras.


El segundo vuelco es una bandeja con todo lo demás. Las carnes: dos tipos de tocino (tocino y panceta), tuétano, chorizo, morcilla, costilla de cerdo, jamón, morcillo, gallina y pelota. Las verduras: patata gallega, zanahoria, repollo y pimiento rojo. Todo producto de calidad y bastante mejor que los garbanzos.

Los garbanzos son de tipo castellano, grandes y ... decepcionantes! Con una sopa tan intensa y una bandeja tan cargada de carnes esperábamos un sabor explosivo que no llego. Aunque tenían un buen punto de cocción eran un poco insulsos. Con poco sabor.

La bandeja era de un tamaño considerable, podíamos haber comido de ella el doble de personas. Supongo que es lo que tiene este tipo de sitios, hay que justificar cobrar el garbanzo a precio de oro lo que se compensan con cantidades desorbitadas... de hecho te ofrecen unos envases de plástico para que te lleves lo que sobra.

De postre una tarta de la abuela casera riquísima y un café bastante malo que llevaron la cuenta a los 90€ para dos comensales. El cocido a 32,5€y el resto entre el postre, pan, agua y un par de vinos.

Se venden como "Nuestro cocido. Probablemente el mejor del Mundo" pero ni de lejos. En nuestro ranking no entra ni el Top10.

miércoles, 17 de enero de 2024

Tierra Astur: no tan de guiris

¡Sorprendidos nos quedamos en nuestra visita a este local en el corazón de la calle Gascona! Inicialmente, pensamos que este restaurante podría ser solo una trampa para turistas, ya que es el más famosos del bullicioso bulevar de la sidra de Oviedo. La fama de este lugar ha crecido tanto que ahora cuenta con varios locales en la misma zona. Sin embargo, decidimos aventurarnos y nos fuimos encantados con la experiencia.

La extensa carta ofrece todo lo que puedes desear de la gastronomía asturiana: desde la clásica fabada al contundente cachopo. La variedad es tan amplia que podría resultar un tanto abrumadora, ya que se extiende por varias páginas con numerosas opciones para elegir.

Como tendemos a seguir las costumbres y pedir los platos típicos empezamos por el pastel de cabracho, unas deliciosas croquetas de jamón y unos tortos con bacon, que resultaron ser una elección espectacular.


Continuamos más platos clásicos: pollo al ajillo y cebollas rellenas.

Cerramos la experiencia con un troceado de paletilla de cerdo. Cada plato valió mucho la pena; la materia prima de la mejor calidad y la preparación impecable.

Para completar, disfrutamos de unos postres que no podían faltar: frixuelos, una especie de crepes típicos de Asturias, acompañados de bombones helados. Todo esto, por supuesto, regado con sidra. Los platos no son excesivamente caros y la cuenta fue muy razonable para los seis comensales: 125€. Poco más de 20 euros/pax.

Queremos destacar el servicio, encantador, a pesar de la abrumadora cantidad de clientes en el local. Aunque las mesas están bastante cerca y el ruido es inevitable, el personal atendió de manera excepcional. Normalmente, solíamos recomendar lugares algo menos conocidos (si es que existe esto en Gastona), como el Ferroviario. Sin embargo, a partir de esta experiencia, el Tierra Astur se convierte en una opción más que recomendable.

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