lunes, 13 de noviembre de 2017

Cocido madrileño XIX: Palacio de Cibeles

¿Hay algo más castizo que el cocido madrileño? ¿Y que la Cibeles? ¿Y si nos vamos el día de la Almudena a comer un cocido a La Cibeles? Pues allá que nos fuimos, más chulos que un ocho, eso sí, sin parpusa ni mantón.

Resulta que en el actual edificio del Ayuntamiento de Madrid hay un restaurante, el Palacio de Cibeles. Y da la casualidad que los jueves dan lo que ellos llaman el Cocido Cibelino. Y aprovechando que justo en ese día caía el festivo, nos lo apuntamos en la agenda. Con reservar el día antes, fue suficiente.

El restaurante es elegante, de los que ya no se estilan. Con manteles de lino, copas altas, servicio hipereducado, silencioso e imponente al entrar. La carta es cara, con arroces y platos principales que rondan los 30 €. Dispone además de menú al mediodía por 38,50 € y menú de noche por 55 €, bebidas no incluidas. El cocido cuesta 29 €. Caro, aunque bien es cierto que ya hay varios sitios donde lo cobran a este precio.

El cocido comienza con unas croquetas como aperitivo, que nos trajeron junto unas rebanadas de pan con tomate y aderezos de guindilla, comino y vinagre. Las croquetas, una por comensal, estaban bien ricas.

A continuación, la sopa. Vienen los platos con los fideos y con una hoja de hierbabuena, sobre los que sirven, ya en la mesa, el caldo. El caldo está desgrasado y hacen hincapié en ello. La hoja de hierbabuena, además, aligera en exceso el plato. Es curioso, porque de entrada, la sopa parece demasiado insípida, pero según vas avanzando, va intensificándose. Nos ofrecen repetir. Inicialmente lo rechazamos para no llenarnos, pero unos minutos más tarde, no nos dan opción y nos traen más fideos y más caldo.

Los garbanzos vienen servidos en platos individuales y acompaña una bandeja al centro con todos los acompañantes. No le falta de nada (quizá un poco de cantidad): repollo, patata y zanahoria. Tocino, morcillo, jamón, gallina, chorizo y morcilla. A cada bocado más rico.

Y cuando estamos en plena faena, nos traen lo que llaman "El bocado del amor". Un nombre un poco cursi para lo que debería de llamarse más acertadamente "el bocado del colesterol" y no deja de ser  una tostada de pan con todo el condumio del cocido, troceado.

Por poner una pega, eché en falta pan. Un bollo de pan del día, crujiente por fuera y tierno por dentfro, donde empapar bien el chorizo (y quizá hacerme un bocadillito de morcilla). El que nos habían traído era pan con tomate y no, no pega en la parte más avanzada del plato.

Para finalizar, pedimos la carta de postres. Muy caros (uno de hasta 21 €). Nos decantamos por un cremoso de chocolate amargo. Muy rico pero no muy abundante para su precio (9 €) con el postre una invitación de la casa: corona de la Almudena para 4 y unos petit fours con mazapanes y chocolate

Al final, 3 cocidos cibelinos (nos dieron opción de que los niños compartieran uno) con un agua, un par de refrescos (5,5€ cada uno) y dos copas de vino de la casa (a 6 euros la copa), un postre y un café, 127 €. La propuesta del chef Javier Muñoz es apostar por la elegancia, lo clásico y un cierto toque de exclusividad. De hecho sale al final de la comida a saludar a todos los comensales y hablar un poco con ellos. También es una apuesta por la calidad, con un cocido exquisito, caro y de no excesiva cantidad pero de sabor soberbio.

Ah y no dejes de pasarte por la Terraza de Cibeles, a tomar una copa, o subir al mirador del Palacio... las vistas merecen la pena

viernes, 3 de noviembre de 2017

Comer con niños en El Pardo: El Torreón y el Jardín de Somontes

Para el que no lo conozca cuesta creer que, a solo de 8 kilómetros de Madrid, pueda existir un lugar donde encontrar paisajes naturales o animales en libertad. Pero si, en El Pardo se puede encontrar algo así. Al estar en una zona natural protegida no hubo boom de la construcción, se preservó el Monte del Pardo, todo su encinar y la ribera del Manzanares que, aquí si, parece un rio de verdad.

El pueblo, al no poder crecer se ha convertido en un barrio del Distrito de Fuencarral, con pocos habitantes y que vive principalmente del turismo: el rio, el monte, el Palacio del Pardo, La Casita del Principe y la gastronomía. La avenida principal del pueblo está lleno de bares y los alrededores de restaurantes donde, en muchos de ellos, se sirven platos de caza como jabalí o el gamo. Dos de los animales que se pueden ver con facilidad por esos montes. Es en algunos de estos restaurantes donde se lo han sabido montar para ofrecer un servicio familiar o con actividades para comer con niños.

El más famoso quizá sea el Filandón del que os hablaremos cuando logremos reservar (la lista de espera de sábado es de varias semanas) pero hay otros que se pueden visitar y que, sin ser una maravilla, no están mal del todo. Nosotros visitamos dos de ellos, El Torreón y El Jardín de Somontes.

El Torreón
Ubicado en la afueras del pueblo, en la subida al monte, es uno de los más antiguos y famosos de la zona. Grandes terrazas, decoración antigua, con grandes salones y pasillos donde no faltan sus armaduras ni escudos. Manejan dos cartas, una de raciones para la terraza y otra de restaurante, de corte clásico ensaladas, gazpacho, croquetas, anchoas, carnes y pescados como merluza o bacalao. También tiene sección de caza, con corzo, pero cuando nosotros estuvimos no había.

Como es habitual en este tipo de sitios, camareros educados y atentos, buena materia prima pero preparaciones nada innovadoras y algo elevado de precio. Nuestro pedido fue
- Revuelto de Bacalao
- Croquetas de castañas, jabugo y boletus. Más que buenas
- Lomo de buey
- Solomillo de buey, esta carne como la anterior eras espectaculares
 

Todo, con dos aguas, dos cokes, dos vinos y de postre un coulant de chocolate y un café por 110€. En el local también celebran bodas y de vez en cuando se oye a los invitados festejando. Por la parte de "comer con niños" el tema está en la zona de terrazas con columpios de varios tipos y edades (alguno de los 80 ;) y en el exterior donde hay una pequeña "granja" con cabras, pavos reales, gallinas, etc. y que a los niños les encantará.

El Jardín de Somontes
Un poco antes de llegar al El Pardo y dentro de las instalaciones de Somonte se encuentra este restaurante. Si en el Torreón se celebran bodas aquí es como si estuvieras en una. ¿Por qué? pues por la decoración, como en un salón nupcial, elegante con mesas redondas y largos manteles, por el tipo de servicio y además, por el sistema de carta que es menú y como casi todo el salón come lo mismo los tiempos están programados. Hay opción de carta pero no vimos a nadie con ella en la mesa. Como en el anterior local aquí la calidad de la materia prima es buena, un poco inferior quizá, pero el precio también es más ajustado. El menú sale por 27€ y el día que fuimos nosotros las opciones eran salmorejo, arroz caldoso con pollo campero, patatas rellenas de  boletus y wok de verdura. Los segundos: entrecot, atún rojo, solomillo de cerdo en salsa de foie y zarzuela de pescado. Las preparaciones son correctas pero con altibajos, algunos platos como el atún estaban muy bien y otros no tanto.

Al terminar tienen una agradable terraza para tomar un café o una copa mientras los niños juegan en el parque, saltan en el castillo hinchable o simplemente disfrutan en el césped.

lunes, 23 de octubre de 2017

Tapeo en Albacete: La Zona

A pesar de ser una ciudad pequeña habíamos leído muy buenas críticas de la marcha de Albacete, de sus bares y de su cultura de la tapa. Esas crónicas hablaban de sofisticados pinchos, raciones clásicas y de un lugar: La Zona. Toda la parte comprendida entre las calles Concepción, Gaona y hasta Jesús de Nazareno por la calle Tejares. Como era la única capital de Castilla La Mancha que nos faltaba por probar, aunque fue en una viaje corto, decidimos parar a visitarla, a conocer Albacete de tapas.

Hay que decir que es una ciudad echada a la calle. Hay ambiente y hay gente por todas partes. En cierto sentido nos recordó a Murcia y su ambiente. Sus terrazas llenas invitaban a parar en muchas de ellas aunque les veíamos un fallo: las mesas de dichas terrazas solían estar casi siempre con manteles, sobretodo por la noche, eso, y las cartas que había, nos provocaba la sensación de que eran restaurantes en vez de bares, dándonos algo de cosa sentarnos allí por no perder demasiado tiempo.

Otra cosa a tener en cuenta es el tema de la tapa de cortesía, allí se estila bastante y además suele ser bastante decente y traerte un par de cosas por cada consumición. Lo malo era que no siempre la ponían y no llegamos a saber la causa. En cuanto a los precios hay de todo, desde bares que son autenticas clavadas con precios superiores a los de Madrid hasta otros más moderados. Como última curiosidad está el decir que en La Zona también hay bares de copas y algunos, incluso, son mixtos. Primero de tapas y cervezas, luego de copas.

Comenzamos nuestra ruta entrando por la calle Concepción, aquí mala suerte, nos fuimos hacía el lado equivocado y nos saltamos el Asador Concepción, uno de los recomendados y con muy buena pinta que no vimos hasta el momento de irnos. Subiendo por la calle ninguno nos convencía, nada más entrar hay un TGB y luego bares con buena pinta pero que no parecían de tapeo rápido.... buscando mesa acabamos en Valentina, nuestro primer contacto con la ciudad y una mala elección. Una vez dentro y con la carta en la mano nos dimos cuenta que la elección era incorrecta, pocas raciones, nada clásico y mucho bocadillo y tostas. Aún así íbamos con hambre y nos quedamos. El servicio no mejoró el tema. Pedimos una tosta de Rosbeef de ternera por ser la única que no tenía queso, pues la trajeron con queso. Pedimos una chapata de lomo con pisto y huevo y vino una baguette de lomo seco. Con 3 consumiciones (2 Cokes y 1 agua) la cuenta se fue a 18,80€. Ponían tapa de cortesía eso si, un poco de ensaladilla y dos pinchitos de salchichón.


Seguimos la ruta por Gaona y otra vez nos fuimos al revés y nos saltamos La Tapería pero como La Zona está plagada de locales seguimos hacía El Alambique... estaba tan petado que lo tuvimos que dejar para otro momento y sentarnos en Bellota y Olé donde nada más sentarnos nos sacaron un mantel y nos dieron una carta de restaurante. Una carta con Snacks de los más variado (desde ravioli líquido a calamares, pasando por embutidos, quesos o bombones de foie), carnes y pescados. Pedimos una croqueta líquida que estaba muy bien, pulpo crujiente con parmentier trufada y gel de criptonita (salsa de ¿cilantro?) y bastones de berenjenas a la miel que tenían un rebozado que le daban un buen toque. La cuenta 31,90€. Caro, dado que el pulpo era pequeño, el croquetón que no era tan grande costaba 6€ y para beber solo tomamos agua y dos vinos blancos Rueda Verdejo a 3 eurazos cada uno.



A partir de aquí la cosa mejoró. Pudimos sentarnos a tomar una en El Alambique y fue de los mejores bares que probamos por carta, por servicio y porque nos comimos un torrezno que estaba perfecto.

Cerca de allí vimos otro local con pinta de clásico, Casa Juan, y decidimos entrar para ver si tenían algún plato típico de la zona pero nada, en la carta ni atascaburras (un plato de bacalao con patata, aceite y huevo duro) ni ajo mataero (hígado de cerdo y aceite). Así que pedimos dos tapas de solomillo de cerdo al PX que pasó sin pena ni gloria y una ración de gambas gabardina. Con dos blancos de Castilla 13,70€

Para terminar la ruta nos metimos en Tejares, la calle más plagada de bares y donde hay de todos y para todos los gusto. Primero volvimos a adentrarnos en uno de corte clásico Entre cañas y vinos y, aquí si, una carta de productos típicos de Albacete. La mala suerte fue que el atascaburras y el ajo mataero solo los sirven en la temporada de frío y aún no lo tenían. Eso si, a cambio tomamos un pisto con huevo que estaba impresionante. Dos blancos y el pisto 12€. Buen precio y un servicio muy agradable en un local que merece la pena

Seguimos la calle hasta el final para ver el ambiente. Aquí hay de todo, desde un VIP a terrazas con música para tomar una copa con tapa y alguno que otro con pinta de low-cost; como en el que al final nos sentamos, el Ave Turuta. Donde tenían tapas de todo tipo y una carta de lo más barato. Nos pedimos una de kokotxas y una de codorniz escabechada con un vino y una agua por 7,5€. Además ponían, de tapa de cortesía, un plato de arroz bastante aceptable.


Con esto acabamos nuestra visita. Eso si, hicimos una pequeña parada antes en una pastelería de Concepción para tomar un Miguelito de La Roda en versión especial: con crema de Baileys, nata y chocolate y tras eso dejamos una ciudad que está bien para el tapeo, que quizá no tienen muchas opciones para tomar "una rápida" pero no le falta, en absoluto, nada de ambiente y vida.

domingo, 8 de octubre de 2017

Habitual Ricard Camarena

De unos años a esta parte existe una tendencia entre los grandes chefs: los segundos. Abrir un segundo restaurante, una marca low-cost donde, dicen, que ellos hacen más negocio y donde nosotros podemos probar su gastronomía sin dejarnos un riñón ni media vida en una lista de espera de meses. Uno de los primeros fue Paco Roncero y su Estado Puro, le siguieron Arola y su Vi-cool o Dabiz Muñoz y su famosísimo Street-Xo.

En esta ocasión visitamos Habitual, del valenciano Ricard Camarena. Este Chef es un verdadero especialista en segundas marcas. Empezó con Canalla Bistró y Central Bar, ambos en Valencia, para después abrir un Canalla en México, otro en Madrid y este Habitual, un local de comida "confortable" que para Ricard significa sabores mediterráneos reconocibles.

Situado en el Mercado de Colón, un lugar centenario que ha recuperado su esplendor tras una reciente reforma, es un buen sitio para poder probar la cocina del más famoso cocinero de Valencia. Su cocina más mediterránea es la que se descubre en la carta, con platos reconocibles e intensos, quizá demasiado. En nuestra elección todos los platos fueron bastante untuosos, con exceso de salsas y sabores.Con un servicio agradable pero muy muy joven, se empeñaron en ofrecernos platos infantiles (canelones infantiles o pollo frito) para los niños; cuando les convencimos de que los niños comerían lo mismo que los mayores hicimos nuestro pedido:

Bomba de Sepia: por pedir algo distinto elegimos esta bomba de patata rellena de sepia que resultó ser un plato recargado, con buen inicio pero que acaba cansando por la salsa que aderezaba la sepia. Pensábamos que sería un platazo pero no llegó a asombrarnos.

Clóchinas a la bullabesa: además de platos innovadores queríamos probar algunos clásicos como la ensaladilla o sus famosos clóchinas (para la gente de fuera de Valencia, la clóchina es un mejillón de batea, mucho más pequeño y sabroso). Tampoco nos gustó, el exceso de sabores no lo daba la bullabesa sino el añadirle parmesano que, además de no estar indicado en la carta, daba un toque graso al mejillón, además de matar el sabor.

Ensaladilla Ricard, quizá la mejor elección del día, por su frescura y sabor. De pimiento y patata rallada un acierto seguro.

Canelones caseros de pollo l'ast: algo tan sencillo y que nos parecía ideal para niños tampoco despertó nuestras mejores sensaciones. El fallo, el mismo que en toda la comida, el exceso. Mucha bechamel, muchos sabores, queso dentro del canelón.

Parpatana de atún, cebolla asada y jugo de tamarindo: un guiso de atún hecho con la parte de inferior de la boca lo que hace la pieza algo gelatinosa.

Aunque los platos estaban bien salimos de allí con una sensación indefinida ¿nos había gustado? ¿qué nos había parecido? no terminábamos de tenerlo claro. Es evidente que los restaurantes B no sirven para conocer toda la esencia de un cocinero y lo que descubrimos en Habitual fueron buenas preparaciones pero poca frescura.

Lo mejor llegó con el postre, un bizcocho XXL de chocolate con el que terminamos la comida de la mejor manera, aunque no se aprecia en la foto el tamaño era gigantesco. La comanda, con agua, dos Coca-Colas y una café fueron 90 euros

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Comer en Puerto Sagunto IV

Como casi todos los años siempre pasamos unos días en "El Puerto" y como cada año siempre destacamos que su gastronomía no está nada mal. Un pueblo que en unos años pasó de tener solo "Bocaterías" a una amplia variedad de locales. Os contamos las novedades de este año y aprovechamos para retocar la entrada de nuestros favoritos para comer en Puerto de Sagunto:

Entre las novedades:
- La Mar Salá: primera novedad de la temporada. En plena Avenida de Mediterráneo está este nuevo restaurante, grande y cómodo. Con una decoración dedicada al mar y una carta de cocina mediterránea, corta pero compensada. Con buenas propuestas en entrantes, pescados y carnes, un apartado para ensaladas y hamburguesas de carne, lentejas o pollo. Nosotros probamos un pata de pulpo bien preparada, una picanha (corte brasileño de carne de vaca) que estaba algo duro y unas bravas con ali-oli verde y salsa romescu que realmente merecieron la pena, no eran unas bravas al uso pero tanto en la fritura como en la salsa nos encantó. Todo con una coke, una botella de blanco Noia (15,10€) y de postre un café bombón y una "Isla de Mango, Queso y Fresas" (en los postres es donde más cojea la carta) salió por 55 euros



- La Parsimonia: en la calle Isla de la Toja, la calle de los bares, ha abierto este nuevo local dedicado a la comida de mercado, en modo slow-food y en plan tranquilo. Y eso es lo que intentan transmitir con una decoración en tonos pastel, como de casa de hippies californianos y con un servicio muy agradable y sonriente. Lo mejor de la decoración es la pequeña barra donde preparan embutidos y las latas. Y es que uno de los fuertes de la carta son las latas y conservas, también ofrecen embutidos y una gran variedad de quesos. Otras opciones son hummus, taboulé y algo, poco, de cocina. Una carta muy original para lo que se ve en la zona. Nuestra comanda se compuso de sardina ahumada, anchoa, cono de crema cantábrica, bravas tres salsas, hummus, jamón ibérico. Con un agua, 4 vinos blancos y un café: 51,20€. Al poder pedir latas, tapas o algún pincho por unidad el precio final es muy ajustado y permite pedir mucha variedad, como hicimos.




- Singular & Co: no es realmente nuevo, ya se había estrenado la temporada pasada pero no habíamos podido probarlo hasta este año. Tiene opciones muy diversas en la carta como nachos, croquetas, ensaladas, costillas, fish&chips o detallitos como el potito de huevo trufado. Pero la especialidad del lugar es la hamburguesa, de 7 tipos y de unos 220 gramos el precio ronda los 10 euros, a excepción de "La Bestia Parda" de un kilo. Nosotros pudimos degustar 4 tipos distintos, y son realmente buenas. Por ponerle un fallo se lo pondríamos al pan, tipo bollo y demasiado dulce. Quitando eso son las mejores hamburguesas del Puerto. Además catamos el guacamole, el huevo trufado, las croquetas de pollo, la pizza y de postre las fondues de chocolate y fruta. Todo con 3 Coca-Colas, 3 aguas, una cerveza y dos cafés fueron 96€. Singular es un local que recomendamos visitar, sobretodo ahora que uno de nuestro favoritos y que compartía calle (Picaflor) ha cerrado.




Paellas: Y en nuestro tradicional apartado de paellas esta año dos menciones. Una para Alfonso, uno de los más famosos del lugar por su veterania y su ubicación. Últimamente nos venía fallando y este año que volvimos, nos tomamos una paella que estaba de vicio. Una valenciana para 5 de la que comimos 6, con bebidas y unas tellinas salió por algo menos de 100€

El otro sitio que hemos probado no estaba en el Puerto, sino en Canet d´en Berenguer, una población colindante. El local elegido fue Sabor de Mar, un sitio que parece más pensado para el turista que para el cliente habitual. El servicio es desganado y tuvieron un feo detalle ya que un comensal se cayó de la cita y llamamos para avisar a las 11 de la mañana, negándose a bajar el número de raciones con la excusa de que estaba marcado. Al final la paella estaba realmente buena pero algo más caro que en otros restaurantes de la zona (para 6 personas la paella son unos 80€)
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