Los pueblos más bonitos de Salamanca I: La Alberca y Ciudad Rodrigo

Dentro de la lista de los 500 pueblos más bonitos del mundo se encuentran cuatro localidades salmantinas: La Alberca, Ciudad Rodrigo, Mogarraz y Candelario. Y en una escapada reciente hemos hecho unas visitas gastronómicas a los dos primeros.

LA ALBERCA
Situada en la Sierra de Francia está La Alberca, su nombre viene de lugar de aguas y es que este pueblo es una preciosa villa, antigua; declarada Conjunto Histórico-Artístico por sus casas del XVIII y XIX, sus callejuelas adaptadas para la caída del agua por ella y las vistas a la Sierra de Francia. En su Plaza Mayor se encuentran la mayor parte de bares y restaurantes, bares para tomar algo, donde tapear al modo de tapa de pago tipo croquetas, guisos, etc.

En la plaza se encuentran varios bares de tapeo y, aunque el pueblo es turístico, en muchos de ellos se ven a muchos autóctonos síntoma del ambiente que tiene. La Alberca tiene varios restaurantes pero el más famoso y uno de los que tiene una carta más de estilo "serrano"es El Castillo. Un local en plena Plaza Mayor, en cuya carta sobresalen los asados.

Empezamos con unas patatas meneas, plato tradicional de la zona, con torreznos y guindillas nos resultaron un poco sosas.

También pedimos una cazuela de judías de La Alberca con productos de cerdo ibérico; este plato tampoco nos pareció que tenía un sabor explosivo la verdad, estaba muy bueno pero su sabor era parecido a lo que fuera de Asturias llaman fabada.Unas simples alubias, ricas, pero sin intensidad.

De segundo un entrecot de morucha, una carne de una raza típica de la zona, un poco más dura que la ternera habitual.

El último plato un tostón cuchufrito que tenía buena textura y un sabor correcto pero al que le sobraba aceite.

Finalizamos con una degustación de postres que traída mouse de turrón, tarta de queso, helado con chocolate, fresa con arándanos, tartaleta que era como una tarta gelatina de frutos rojos y tarta de chocolate blanco. El plato era irregular, partes muy buenas, como la mouse de turrón (el turrón es típico en la villa).

La cuenta, con un par de vinos, agua y un café se quedó en 73€.

CIUDAD RODRIGO:
Declarada Conjunto Histórico-Artístico, la ciudad está plagada de edificios monumentales dentro de una muralla por donde se puede pasear en muchas de sus zonas. Tiene un Parador que es la reconstrucción de un Castillo del siglo XIV al que se puede subir a sus muros y a su torre. Resumiendo: tiene todo lo que podría hacer de ella un gran destino turístico... pero también tiene coches, muchos coches. Demasiados. Su centro es grande, supongo que por eso es difícil impedir el tráfico. Tampoco es que queremos dificultar la movilidad de sus habitantes pero tiene que haber un punto intermedio y que no todo sea transitable, calles empedradas sin aceras no pueden ser vías de doble sentido y no todo debería ser un parking como la Plaza Mayor que pierde su encanto al convertirse en un aparcamiento al aire libre.

Justo en la zona de la Plaza Mayor y alrededores está el mayor número de bares. Fuimos para allá después de haber leído que su tapeo era tipo al de Valladolid, pinchos currados, de pago. Pero nada más lejos de la realidad. Aunque algunos locales salvan el tipo con honra otros tienen pinchos simples, fríos o recalentados.

Entre los que merecen la pena:
- La Artesa. Tapas a 1,10€. con mucha variedad para elegir y el pincho más original (y premiado) de la ciudad: el Pocholo, servido en un cuenco con forma de bellota. Tenía dentro farinato, huevo y bechamel. El farinato es embutido típico de la zona que ya habíamos probado en Salamanca, se toma frito y está hecho de grasa de cerdo, harina y pimentón. También tomamos una vieira y un par de croquetones. Todo con la bebida por 6,7€. Es de los mejores, al menos están haciendo pinchos continuamente. Además sirven mostos como los de antes, pequeñitos, abren la botella de litro y te ponen un minivasito; ideal para niños.


- La Encina Charra: Especializado en embutidos evidentemente también fue una elección. Pedimos un plato de jamón maravilloso. Duró un visto y no visto, en cuanto llegó a la mesa desapareció como por arte de magia. La ración de jamón a 18 euros.

- El Sanatorio: también en la Plaza Mayor, es un templo del toro. Los toros son típicos en el carnaval de Ciudad Rodrigo y aquí todo está decorado con fotos taurinas de todas las épocas. El servicio es muy agradable y es un bar donde se está a gusto. No probamos sus tapas porque en la carta tenían platos combinados y uno de ellos está recomendado: Los huevos fritos con patatas y farinato. El mejor que probamos en el viaje. 15 Euros el plato de huevos (5,45€), 2 Coca-Colas, 2 vinos blancos y dos mostos pequeños.

- La Paloma: fuera de la Plaza Mayor pero muy cerquita está este bar que, por gente, es el top de la ciudad, lleno prácticamente a cualquier hora. Si quieres mesa para comer de carta es conveniente reservar. Bastantes pinchos en su barra para elegir: 2 farinatos con huevo de cordorníz, dos pinchos de jamón y 3 refrescos por 7,5€

El último que visitamos fue, sin duda, el peor: El Rincón de Tomás. También en una calle aledaña a la Plaza Mayor. Un sábado, a las 9 de la noche, solo tenía pinchos sobrantes de a saber que hora: croquetas y empanadillas que parecía del día anterior. Tomamos un par de cada y el resto que también parecían sobras fue un bocatín de panceta y un pincho de farinato con huevo duro. Con dos mostos, dos cervezas y dos vinos 12 euros.

También probamos un restaurante de cocina típica: El Zascandil. Es el más famoso de la ciudad. Con buenas maneras y decoración. El plato estrella en otoño es la seta, te muestran una cesta con distintos tipos para elegir. La carta es algo corta y aunque tienen algunas recomendaciones fuera de carta te quedas un poco con la sensación de que faltan cosas. Empieza la comida con un pan excepcional y con una bandeja con distintos tipos de sal (negras, rosa, roja, etc.).

Pedimos una tosta de jamón con foie y boletus adulis, muy buena.

Bacalao a la brasa, fresco y medio crudo, estaba ideal para comer con las sales o con la salsa que venía a parte.

Para terminar un Buey Cebón de morucha donde, tal y como nos pasó en La Alberca, la carne es algo dura con lo cual se nos hizo algo caro el plato vs su calidad.

La carta de postres es genial, una caja que se abre y tiene mucho donde elegir nos decantamos por una esfera de chocolate, con helado y peta-zetas.

El precio 85€ con dos vinos, agua y un café. La verdad es que si tu visita a la Ciudad es corta no te recomendamos probarlo, no se come mal pero no tiene una carta tan típica de la zona como para que merezca la pena.

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