jueves, 15 de febrero de 2018

Hamburguesas XXXVIII: Basarri Gin Club

Hace un año y algo pusimos un poquito a caldo este local. El motivo es que me dejaron sin comer; se olvidaron de mi plato mientras yo no me olvidaba ni de la camarera ni de su despiste. Como en aquella ocasión nos quedamos con las ganas y, además, tenían un par de tipos de hamburguesas decidimos volver a darle una nueva oportunidad y hacer una cata para nuestro ranking de las mejores hamburguesas de Madrid

¿Qué vimos en esta nueva visita? Pues varias cosas:
- El local sigue siendo tan bonito como era. Con una exquisita decoración interior y la zona de bar super-original con sus mesas que en vez de sillas, son columpios
- En la zona de barra hay un montón de pinchos
- La carta continua en su línea original. Tienen la opción de pedir medias raciones que siempre está muy bien para poder probar más cosas
- El servicio sigue siendo tan desastre como la última vez pero al menos de esta hemos comido.
- Ya solo hay una hamburguesa en la carta en vez de dos: hamburguesa trufada a 12,90€

La hamburguesa es trufada, con tomate seco, cheedar, pepinillo encurtido, cebolla caramelizada, foie. El foie no se notaba en absoluto y no destacaba entre el sabor del tomate y de la salsa. Por el resto nada que destacar: una carne buena con un pan moreno, sin tostar y que se humedeció y empezó a gotear nada más cogerlo. Una hamburguesa, que sin ser mala, tampoco nos ofrece nada por lo que destacar.

Como íbamos con los niños para ellos pedimos una ensaladilla rusa con toque de manzana, jengibre, tomate seco y ventresca y unos canelones de rabo de toro.

De postre poca variedad, cuatro opciones, a 6€, a elegir entre Brownie con helado de violeta, Choco en texturas, Tiramisú y tarta de cítricos. Elegimos el Choco. Mucho más vistoso que rico. Al final era algo soso.

Todos los platos están bien y la cocina, por lo que hemos probado las dos veces, no es top pero tiene un puntito. Pero algo le falla porque ya es raro que un local, que está en plena calle Toledo, un domingo de rastro petao y no llene ni en sala ni en barra. Es posible que el fallo sea el servicio, que empezó algo aturullado pero que tras la comida se convirtió en abandono: mucho tiempo hasta que tomaron nota para el postre, luego mucho en llegar el postre (¡ay que se me había olvidado chicos! dijo el camarero) y lo peor de todo fue esperar más de media hora en que llegara la cuenta.... el TPV no iba, dijeron. ¿Y sumar a mano? pensé. Cuando arreglaron el TPV llegó la cuenta que para cuatro, con un agua, un café, una caña con limón y un albariño fue de 65€

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