domingo, 24 de enero de 2010

Zaragoza

NOTA: Esta entrada está totalmente desactualizada. Teneís una guía de tapeo más actualizada e interesante símplemente pinchando aquí: De Tapas por Zaragoza


Zaragoza no es una ciudad mala para el arte del tapeo, pero tampoco la más buena. Tiene muchos bares y mucho ambiente pero le falta algo, le falta estilo.

Lo primero que hay que avisar es que es una ciudad cara, mucho. Las tapas son todas de pago, lo que no sería problema si fueran sofisticadas u originales pero no lo son, la tapa típica allí es la croqueta y el precio ronda los 1,50/1,80€ lo que hace que tomarse un simple vino con una croqueta de jamón esté entre los 3 y los 4 euros. Otra pincho típico es la gamba con gabardina, las preparan muy ricas, dos gambas con mucha masa pero, lo dicho, no es original y duele pagar lo que te cobran.
Aunque hay gente a la hora del vermú hay mucha más para el tapeo de cena. Por la noche los bares son un hervidero y el ambiente es mejor y más recomendable; a mediodía los bares cierran sobre las 4 de la tarde y os podéis quedar a medias.

Las zonas de tapas están por el casco antiguo, en la zona comprendida entre el Pilar, Jaime I y Puerta Cinegia. Básicamente son dos: la Plaza de Santa Marta y “El Tubo”.

En Santa Marta hay pocos bares y bastante heterogéneos, algunos llenos y otros completamente vacíos. Algunos de ellos tienen terraza por lo que hay más animación fuera de los bares que dentro. Aquí está El Lince, donde fuimos a probar la que según las guías era la mejor tapa de Zaragoza: El Guardia Civil, un bocadillo de sardina rancia con pepinillo y pimiento rojo. Muy rica, pero el lugar muy decepcionante, feo, mal oliente y sucio. La variedad de vinos es nula, o blanco (de la casa) o tinto (Rioja). Aún así merece la pena la visita.

La zona del Tubo si es una verdadera zona de bares, con dos calles, Estebanes y Libertad, llena de locales donde cualquiera es bueno. En esas dos calles, y para salirnos de las croquetas, podemos recomendar La Cueva, (ahora se llama Los Champis) donde solo sirven champiñones, el Fenicia: la casa de las empanadillas”, un bar libanés donde las especialidades son, como su propio nombre indica, las empanadillas al estilo de esa zona con una gran variedad de rellenos (pollo, carne picada, ternera, verduras, diferentes quesos…) CERRADO y “Taberna La Casta que, aunque está especializado en croquetas (llamativa la croqueta de gallina con chocolate), puedes comer madejas, una especie de zarajo aragonés más jugoso que éste y puedes beber cava por copas.

Resumiendo, no es el mejor sitio pero tampoco el peor. Caro pero con mucho ambiente nocturno: Aprobado.

domingo, 10 de enero de 2010

Mercado de San Miguel - Madrid

Hoy nos quedamos en Madrid, cerquita de casa, y nos acercamos hasta el Mercado de San Miguel. Situado en la Plaza de San Miguel, al lado oeste de la Plaza Mayor, como su propio nombre indica, se trata de un mercado tradicional, con estructura de hierro que ha sido reformado para convertirse en un nuevo concepto de mercado. Sigue manteniendo puestos de frutas, verduras, carnes, pescados y flores, pero además, se puede degustar sushi, ostras, y otras exquisiteces nada habituales.

La gracia consiste en tomarte un vino (o zumo o copa de champán) de este puesto y pedirte algo de comer en ese de allá. Cada uno tiene su especialidad. Las ya mencionadas (sushi y ostras desde 1 €/ud), pasando por encurtidos, embutidos (cortados en el momento en la “charcutería” y acompañándolos de un pan recién hecho), ahumados (en la Casa del Bacalao) o el tradicional caldo en el puesto gestionado por Lhardy. Si se prefiere, todo lo que venden, también se puede llevar, para tomar en casa.

Dada su situación, se está convirtiendo en un sitio con una gran afluencia de turistas, lo que hace que esté lleno todos los fines de semana y que los precios de los puestos sean de todo menos asequibles (copa de vino a partir de 3€). Aún así, la belleza del edificio y la peculiaridad del lugar bien merecen acercarse hasta aquí aunque no se vaya a consumir nada.

domingo, 3 de enero de 2010

Villamanín (León): Casa Ezequiel II

Aprovechando que nos fuimos a la estación de Pajares a pasar la Nochevieja nos acercamos hasta Villamanín, por recomendación de mi tío Javi, a comer a Casa Ezequiel.

Villamanín es un pueblo de León, de la zona minera de la comarca de La Tercia (Casares, Rodiezmo, etc.). Está pegado a Asturias, a unos 10 minutos en coche de la estación de esquí de Pajares-Valgrande por la N630, la Ruta de la Plata, que antiguamente era la única comunicación de Asturias con la Meseta.

Al llegar a Villamanín nos salimos de la carretera para entrar al pueblo. Una vez allí, nos dimos un paseo y localizamos “Casa Ezequiel”, donde había un cartel que indicaba que se había trasladado a “Casa Ezequiel II”, situado en la propia Nacional, por lo que no hay que desviarse para encontrarlo.

Al llegar al local, no había sitio para aparcar, lo cual nos preocupó por si había falta de sitio, pero eso no es problema, tienen mesas en la entrada y comedor en la parte trasera y en el piso de arriba. Están acostumbrados a tener afluencia de gente y, lo más importante, una gran parte de la clientela son habituales del pueblo.

Lo primero que hicimos fue pedirnos algo en la barra. Nos acompañaron los refrescos con un generoso plato de “entrecocido” (embutidos y carnes cocidas), lo cual ya colocó el local en estupendo punto de partida. La tapa merecía la pena y por lo que pudimos comprobar el resto de tapas que te podían tocar en suerte eran igual de impresionantes: plato de embutidos, pulpo o cuencos de caldo/cocido.

Los platos que más circulaban eran los de embutido y el pulpo, todos con un aspecto estupendo. La carta (sin precios) consiste principalmente en raciones, carnes y cocidos; también tienen menú del día.

Dado que estábamos en León quisimos aprovechar para degustar un inmenso plato de cecina exquisita. De segundo, para compartir (por recomendación del camarero dado el tamaño de los platos) nos tomamos el mejor cochinillo que haya probado yo hasta el día de hoy, con la piel bien tostadita, “acortezada”, muy tierno y acompañado de unas patatitas caseras. Brutal. Para terminar, café y postre, todo por solo 36 € (sin cuenta).

El descubrimiento de este local bien justificaría hacer una ida o vuelta Madrid-Asturias por el puerto en lugar de por la autopista para parar a comer o a comprar embutidos.
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