sábado, 26 de noviembre de 2011

Cocidito Madrileño IV: Casa Domingo Nieva

NOTA: Este restaurante ha cerrado. Una pena. Era un clásico del centro de Madrid. Dejamos la entrada como recuerdo del lugar, esperando que es su lugar no monten un Starbucks...

Aprovechando los primeros frescos invernales, decidimos retomar nuestra ruta en busca del mejor cocido de Madrid.

Nos acercamos en esta ocasión a Casa Domingo Nieva. Local tradicional, de los de toda la vida, en la calle Toledo nº 70. Llamamos para reservar, pero según la respuesta de quien cogió el teléfono, no habría hecho falta. Como llegamos un poquito antes de la hora, optamos por tomarnos una en la barra. Muy agradable, con buenas tapas (patatas fritas y unas croquetas para acompañar un par de Coca-Colas) y barato, en relación a los precios que tiene el tapeo por la zona.

Una vez terminada, subimos al comedor. Una salón antiguo, con muebles antiguos (a excepción de un buda, que desentonaba un poco con la decoración) y un camarero de los de verdad, de los de toda la vida. Nos ofreció la carta, pero al decirle que queríamos probar el cocido, nos la recogió rápidamente, por lo que no pudimos ni siquiera ojearla. De los comensales que había, tampoco ninguno había elegido otra opción. Para acompañar, como solo iba a beber vino uno, media garrafita de vino de la casa, acompañado de una botellita de casera. Con eso se dice todo :)

Empezamos con la sopa: Servida estupendamente en un cuenco de barro, punto positivo, pero falta de color y bastante insípida, poco sabor. Eso si con una gran cantidad de fideos. Acompañando, unas guindillas picantísimas.

Seguimos con los garbanzos, servidos en plato con la patata y la verdura. Grandes, un poco pellejones; no eran estupendos pero si ricos de sabor. El repollo estaba aderezado con buen pimentón, lo que le daba un toque curioso. También acompañaba una especie de grelos. Para mi gusto, un poco excesiva la cantidad de verduras.

Y de carnes, una inmensa bandeja, con buenos ingredientes en el que se echaba en falta la gallina. Todo junto, muy rico.


No diré que es un gran cocido, pero en relación calidad-precio (16 € por persona el plato de cocido), mas que decente.

martes, 8 de noviembre de 2011

De tapas por Palencia ¿bella? desconocida

NOTA: Entrada actualizada en septiembre de 2.016

La menos conocida de las capitales de provincia de Castilla y León es la menos impresionante y sosa, gastronómicamente hablando. A diferencia del resto de ciudades no destaca por sus restaurantes y carece de una zona de vinos. Tiene bares pero dispersos y con poca cultura de la tapa. Nuestra primera visita fue una decepción. Pero volvimos, si. con un par, volvimos de tapas de por Palencia. En la segunda visita vimos que la cosa había mejorado. No en exceso, no os creáis. Se sigue dando tapa de cortesía pero ahora también hay más tapas de pago (económicas) en más locales. A pesar de ir en plenas fiestas de San Antolín, vimos que el ambiente sigue fallando. Por el centro las pocas agrupaciones están en estas zonas:

Plaza Mayor: cuatro bares con sus respectivas terrazas es lo que ofrece esta pequeña plaza donde en el Debla, el más juvenil, la tapa es gratis y más gente hay.

Cervecería Plaza Mayor – Bar y restaurante, con una pinta algo fría luego ofrece una buena barra de tapas donde el pincho especialidad es secreto ibérico. Un pincho enorme y muy bien de precio, solo 3 euros.

Taberna Plaza Mayor – El mejor de la plaza y con la mejor barra de tapas. Caña, mixta y dos tapas de cecina con foie 5 euros.

Paseo del Salón: en nuestra anterior visita aquí llegamos y no había tanto como ahora. Así que seguimos hasta la Encina y su buena barra pero en cuanto cerró ya no quedaba nada así que de ahí al Burger King. Ahora si, ahora hay más oferta en esta calle y muchas terrazas, lo intentamos en el Chaval de Lorenzo pero nos tuvimos que ir tras 20 minutos de invisibilidad.

Tierra de sabor: Amplia carta de raciones y tapas, de lo mejor de la calle. Un Bitter, dos cervezas, una ración de croquetas, una de sardinas marinadas y dos tapas (morcilla por 2,5€ y calabacín con gula y ali-oli por 1,5) en terraza salió por 32 euros. Ponen tapa gratis también.

Mayor-Colón: la dos calles que unen la Plaza Mayor y el Paseo del Salón también tienen algún bar que otro. Alguno muy bueno pero la misma tónica que toda la ciudad. Dispersos.

Habana: habíamos leído que era un gastrobar pero... bueno... no es para tanto. Dos tapas de boletus con queso y jamón, dos pinchos de tortilla, 3 cokes y un aquarius por 16,6€

Con tapa de pago pero que merecen la pena los dos están El Casero (bomba de huevo) o El Perejil (por 1,5€ sopa de ajo), ambos muy recomendables y por la Calle Mayor.

En Colón probamos el Bar Perico, famosos por sus huevos rebozados que con dos cañas nos salieron por 5,20€ y La Tasca, también con tapa de pago: dos tapas de pastel de cabracho y dos cañas por 5€

La única zona donde hay varios bares juntos es en la calle Soldado pero estaba desangelada las dos veces que pasamos por allí. En algunos bares ni hay tapa ni se la espera pero sí recomendamos tomar algo en La Mejillonera, el más típico, o en El Ecuador "Casa Matias" donde tienen una plancha donde te preparan lo que quieras, incluso canguro (Actualización 2.014: está cerrado)

La crónica completa del primer viaje la narra estupendamente, como bloguero invitado, Víctor Fernández Correas, escritor (autor de la Conspiración de Yuste y La Tribu Maldita) y miembro de la Agrupación Gastronómica El Conjunto que haciendo un paréntesis en la preparación de su nuevo libro nos dedicó esta crónica:

La Agrupación Gastronómica El Conjunto lleva con el gusanillo varios meses. Se podría decir que casi desde el inicio de los tiempos, que no es poco, varios de sus componentes mostraban el firme propósito de visitar esta ciudad castellana. ¿Motivos? No vienen al caso; no es bueno soliviantar ni tampoco sacar las cosas de contexto. Pero el cielo plomizo que desde Segovia acompañó a los miembros de la agrupación se abrió en tierras vallisoletanas. De regalo, un precioso cielo con algunas nubes y un tibio sol que se agradecía cuando sus rayos bañaban las soleadas calles y plazas palentinas.

─ O sea, que sí estuvieron en Palencia…
─Usted lea, lea…

Calles limpias, poco bullicio y tranquilidad, mucha tranquilidad, detienen el tiempo en el antiguo trazado palentino, que sigue la trayectoria de su serpenteante Calle Mayor. Balconadas decimonónicas se abren a la arteria en la que confluyen sus gentes al calor del sol. Sones electorales se confunden con voces altisonantes, risas perdidas y silencios que lo dicen todo. Palencia bulle en su corazón, late y respira sin prisa minutos y segundos que parecen haber quedado atrapados para siempre en su retina de piedra.

─¿Y la zona de tapeo?
─Pues ahora que lo dice…

La Agrupación Gastronómica El Conjunto trae ideas preconcebidas, señales de lo que debería ser y ganas de descubrir el alma de esta Palencia que les ha recibido con buen tiempo y más hambre. Y hambre, lo que se dice hambre, no se llega a paliar. Duele decir que es difícil encontrar lugares en los que tapear, encontrar un hueco en el que degustar un pincho con una caña o una copa de vino. Eso sí, las excepciones son dignas de mención: sopas de pan con huevo, ajo y morcilla, frituras de huevo relleno de atún y cubierto de bechamel cumplen con el cometido de aliviar el estómago, que cuando el mediodía se ha escapado y deja paso al comienzo de la tarde pide algo más que un tentempié. Por rico y sabroso que sea.

─¿Me dice usted un restaurante?

De pronto, la muchedumbre se ha esfumado. Lo que antes eran ruido, voces y alegría ahora es una soledad algo húmeda y fresca; el sol se ha ocultado y en su lugar negras nubes impregnan de agua la empedrada Calle Mayor de Palencia. La Agrupación Gastronómica El Conjunto busca un lugar en el que paliar el hueco que gruñe en sus estómagos, y a duras penas lo consigue hacer en La Encina, local con ansias y look de modernidad, pero de cocina tradicional. Sus pinchos, al menos, consiguen calmar el apetito, que algunos de los miembros de tan pintoresca comitiva cercenarán después en un restaurante de comida rápida y otros, en un establecimiento, franquicia para más señas, de dulces y bollería variada.

─¿Y si echamos una siesta rápida para pasar el mal trago?

La noche abre las tinieblas sobre Palencia. Y el frío, ahora algo más intenso, corre por sus calles, todavía vacías para ser una hora buena para dejarse caer por bares y restaurantes. Los mismos que busca con afán la Agrupación Gastronómica El Conjunto. Con suerte, encuentra varios de ellos en una misma calle, algo que se celebra con gozo. En el bar Ecuador ‘Casa Matías’ una plancha sirve de maestro de ceremonias para degustar una auténtica virguería: un pincho de solomillo de canguro.

─¿Y eso lo han comido en Palencia?
─Lo que es la vida, ¿eh?

De bocado tierno y jugoso, muy parecido a la ternera, la Agrupación da buena cuenta de una de las especialidades de la casa, en la que destacan los embutidos, fritos o ahumados, y quesos del país y de las tierras de alrededor. Un lugar muy recomendable, de aire entrañable y acogedor, del que los miembros de la Agrupación se marcharán para acabar su periplo en ‘La Mejillonera’, donde degustarán unos mejillones tamaño pata de mula al natural y con la justa pizca de limón y, especialmente, unas bravas que realmente merecen la pena ser destacadas.

─¿Y las copas?

Las copas…Palencia duerme el sueño de los justos, ajena al bullicio que la juventud, la muy juventud, destila por algunas de sus calles. Imberbes que se solazan, sueños de adulto y bebidas por doquier se dan la mano en una almendra por la que la Agrupación Gastronómica El Conjunto cruza con ciertos aires de nostalgia. No tanto por la edad pasada, sino por lo que la esperanza prendió en los sueños de los miembros de aquélla, y de lo que nunca llegará a ser. Un cruce de caminos, quimera de ilusiones y alma de sensaciones encontradas e insatisfechas.
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