martes, 18 de septiembre de 2018

La Salita, el local personal de Begoña Rodrigo

Por si no la recordáis, Begoña Rodrigo, fue la ganadora del primer Top Chef allá por 2.013. Ya  entonces era dueña y chef de La Salita, en Valencia. El premio solo le aportó fama, la calidad la llevaba de serie y el restaurante ya ofrecía buenos platos desde 2.005 y con concepto parecido, menú cerrado y con platos muy cambiantes. Ahora los platos son más reflexivos, no cambian tan rápido y están más tiempo en el menú pero la esencia es la misma. Con ganas de probar esa esencia nos plantamos allí y salimos con la sensación de que había sido uno de los mejores sitios que hemos visitado este año.

Y es que La Salita nos encantó. Empezando por el trato. Antes de ir contactamos por correo electrónico para indicarles que íbamos con dos niños y, al no disponer de carta, que opciones había para ellos. Nos contestaron muy rápido indicando que les podían preparar pollo o hamburguesa. Al llegar la atención fue muy cordial. Cercana pero sin pasarse de familiaridad y muy profesional. Nos tomaron nota de que queríamos beber de aperitivo y comenzó la comida. Nos habíamos decantado por el menú La Salita, de nueve platos más postre a elegir (45,95€) por no alargarnos demasiado ya que la otra opción "La Rodrigo" estaba compuesta de 13 platos más postre y tenía menos platos que nos convencían; el precio de este segundo menú es también bastante económico, 64,50€

Primero sale un aperitivo, del que trajeron también para los niños, un bombón salado, de sabor intenso a verduras.

- La tiara, una verdadera belleza de plato y un clásico de Begoña. Es un tartar tierra y mar delicioso.

Los aperitivos llegaron todos juntos, a cada cual mejor, y estaban compuestos de:
- Careta de cerdo con brandada de bacalao en tosta
- Quiche Lorraine de salmón y tobiko (huevas de pez volador)
- Berlina con huevo y anguila

- Pescado de lonja con verdura y fondo marino. Urta con salsa de espinacas y crudités

- Taco de Jicama, anguila y sriracha (Chili fermentado tailandés). Nabo mexicano con anguila, panceta Joselito y salsa picante

- Arroz de marisco con gamba a baja temperatura. Fuera de menú y como cortesia del local nos trajeron este plato de arroz untuoso y con sabor a mar.

- Raviolo de rabo de toro con puré de tupinambo

- Cochinillo con kimchi. Preparado con cerezas y salsa de setas. Dos taquitos de cochinillo deshuesado.

Para los postres se podía elegir entre Lima-Limón, Calabaza con naranja y parmesano o un plato de quesos (con un suplemento de 4€), los niños, además podían elegir Coulant de chocolate. Pedimos un Coulant y Lima-Limón un postre compuesto de limón en distintas texturas.

La comida se puede maridar pero como había que conducir preferimos tomar solo algunas copas, dejándonos aconsejar por el sumiller entre los que probamos Magali (un rosado de la Provenza sorprendente por 4,5€ la copa) o Monsalve Verdejo. El coste de la cuenta fue de 160€, con los dos menús La Salita, los dos infantiles (16€), bebidas, vinos, cafés y té que se podía elegir de una carta muy amplia y servido con mucho mimo junto con los petit four de chocolates


Como resumen decir que salimos con un gran sabor de boca. La cocina de Begoña es muy personal, con su toque distinto entre vanguardia y producto, mezclando el local con lo exótico y el preciosismo en los emplatados. Para nosotros una firme candidatura a la Estrella.

Web: http://lasalitarestaurante.com/
Email: lasalitareservas@gmail.com
Telefono: 96 381 75 16

domingo, 9 de septiembre de 2018

Nakeima: comida fusión y postureo

Con este sitio hay que explicar dos cosas. Dos cosas que se deben conocer de antemano antes de ir:
- Como conseguir sitio: No se puede reservar. Solo hay 20 plazas por noche y se debe hacer cola.
- No hay carta. Hay una pizarra con platos pero no se pueden elegir: comes lo que sacan, en orden y todos lo mismo. Lo explico todo y tú mismo sacas tus propias conclusiones ¿postureo?

Nakeima es un local que los modernos de la gastrochupifood definen como "canalla y transgresor" pero es que en la realidad si que es así. Una barra rollo streetfood donde los camareros-cocineros te sacan los platos o los preparan delante de ti mientras te hablan y comentan muchas cosas sobre las preparaciones. Todos ellos jóvenes, desenfadados y con un buen rollo increíble.

No se admite reserva, hay que ir a hacer cola y las reglas son:
- Media hora antes de abrir salen a tomar nombres. La hora de la cena son las 21:00 y a 20:30 salen a apuntarte ¿a qué hora hay que llegar? pues nunca se sabe, lo que si es cierto es que llenan siempre por lo que los fines de semana se recomienda a las 18:30 y el resto de días a las 19:30. Nosotros fuimos un martes de agosto a las 19:10 y éramos los segundos en la fila, unos 20 minutos después ya no había plazas. Para la comida la hora de apertura es las 14:00 y entre semana suele valer hacer cola desde las 13:00
- Los 20 primeros entran y punto. Hay una barra con 14 taburetes más una mesa de cuatro y una de dos. Si vas el sitio es la barra, la mesa no es lo mismo (al principio solo había asiento para 8 y el resto comía de píe, eso era antes, ahora todos se sientan)
- Tiene que haber una persona en la cola por cada cuatro comensales. Si sois 5 tiene que haber en la cola dos personas.
- Como indican fuera: No se admiten niños (salvo sepan comer). Aunque por la cantidad de comida que te sacan muy buen comedor ha de ser el peke para poder ir. He leído por ahí que tampoco admiten carritos pero eso ya no lo puedo confirmar.

El rollo de la cola, junto con el tipo de público, es lo que a mi me pareció un poco de postureo. Es un local de modernos, con mucho hipster, mucho Instagram y caras felices de "Mirad, estoy en la cola de Nakeima y voy a entrar" (yo mismo caí en ese rollo). Con la comida me pasó un poco igual, la fusión empieza a cansarme, y da la sensación que hoy en día no puedes ser un restaurante moderno si no tienes tú propio ceviche y algún bao.

Tampoco quiero confundir a nadie, la comida es espectacular, y como la sirven y la presentan convierten la cena en una experiencia. Solo que algunas cosas de las que sirven hace años eran una novedad y ahora están muy vistas. Y como opinión personal diré que le gana en originalidad y sabor Street-Xo. También me dio la sensación de ir de más a menos, el principio pintaba bien y te emocionabas pensando en que sería lo siguiente pero de repente llegas a los niguiris y temakis (ya vistos en Kabuki) y no hubo apenas sorpresas hasta el final.

Como he comentado no hay carta, no pides ni eliges. Ellos van sacando lo que preparan hasta que no puedes más y entonces paras (o lo ven ellos y te preguntan) y ya no te sacan más platos. Te preguntan, eso si, antes de empezar, si hay algo que no te gusta y si es así lo omiten. Te sirven bebida y empiezan:
- Pan de arroz con wakame. Un fino pan de arroz con su toque picante.

- Variación de sunomono, en vez de preparar la ensalada japonesa con pepino, la hacen con 7 variedades de algas, huevas de pez volador, fresas encurtidas y aliñada con salsa de udón, vinagre y bonito marinado.

- Versión de espárragos con mayonesa, con yema trufada, helado de espárragos, foie y wasabi. Increscendo. Este tercer plato era soberbio y en este punto pensábamos que lo que estaba por venir sería la bomba.

- Niguiri de atún, pues eso, un niguiri de atún. Bien, claro. El atún siempre es un acierto pero al venir del plato anterior fue como un bajón.
- Niguiri de jurel ahumado.

- Niguiri de gamba al ajillo.
- Niguiri ibérico de papada frita con pico de gallo.  Lo mejor era como terminaban de prepararlos con un soplete de cocina.

- Temaki de atún y huevo de codorniz.

- Tacoyaki con oreja: un plato tradicional de la comida japonesa que se hace con harina de trigo y pulpo y ellos preparan con oreja.

- Wantun de riñones al jerez con caldo de jamón. Muy rico

- Infladita de tormpeta: un suflé de maiz con sifón de trompeta de la muerte y champiñón laminado. También muy bueno. Te encantará si eres amante de las setas

- Dimsum de butifarra y anguila con salda de teriyaki de manzana

- Black bao de papada ibérica, sepia y cebolla. Muy untuoso y mucho sabor en este dimsum

- Hamburguesa de panceta. A estas altura de la comida ya empezábamos a estar llenos y este plato, aunque era pequeño, nos termino de llenar con su contundencia. De hecho al final de la cena nos preguntaron que plato nos había gustado menos y les dijimos que este

- Oreja crujiente: la camarera ya nos pilló que estábamos con poco hambre y nos dijo, si estáis llenos paramos ya pero la oreja es obligatorio tomarla. Y menos mal que nos lo dijo. Es la mejor oreja que hemos comido en la vida.

Algunos comensales se rajaron, como nosotros, más o menos a esta alturo pero otros siguieron y comieron caracoles, un ramen y de postre "versión milenial de tarta al güisqui" congelada con nitrógeno líquido y que no probamos.

Para la bebida, cuando te ven sin nada te preguntan si quieres algo más. Lo normal es ir a copas de vino y dejarte recomendar. Nosotros decidimos ir a blanco (nosotros y 16 de las 20 personas del local) y excepto una manzanilla que nos dieron y que no pegaba mucho con la comida el resto fue una selección de blancos poco conocidos (Doniene, Elemental, Velo de flor, Corta y Raspa o Jaboulet) que con un precio entre 3,3€ y los 5,2€ por copa eran todo un acierto. Al final la cuenta, para dos comensales, ascendió a 128 euros.

Tras dos horas y media de comida nos fuimos y salimos de allí con dudas. ¿El sitio mola? mola mazo, sobretodo el ver como trabajan los chicos y como sirven y tratan a los clientes. ¿La comida está buena? si, buenísmo ¿Volveremos? no creo, el rollo cola y que esa cocina ya esté tan vista creo es para ir una sola vez....
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