lunes, 25 de abril de 2016

Hamburguesas XXVIII: Burger Joint

Con el mismo nombre de los famosos locales neoyorquinos, e incluso el mismo logo, llega a Madrid Burger Joint. No sabemos si es una franquicia de la cadena ya que en la web www.burgerjointny.com no aparece este local. El estilo es también el mismo, estética garaje-grunge, sin nombre en la entrada más que un cartón en la ventana. Las opciones hamburgueseras (pocas) también están escritas a mano en la pared o en carteles. Mesas con rotuladores para pintar las paredes y al fondo un mostrador para hacer el pedido del que luego te avisan para que vayas a recogerlo. Este estilo de pedir ya lo vimos en Bacoa, no es lo que más nos gusta pero entre los locales low-cost modernillos parece que se está extendiendo.



La carta es corta, ni entrantes, ni aritos ni gaitas. Solo hamburguesas. Siete opciones como la Jamaicana con piña, la Veggie, la Bleu con queso azul, Mexicana, o nuestras opciones, una Americana con queso y bacón y una Clásica, con tomate, lechuga, cebolla y mayonesa. Las hamburguesas cuestan todas 7,5€ y está la opción de pedirla en un combo con patatas y refresco por 11,5€
 

De tamaño pequeño, la carne está muy bien, respetan el punto y tiene ese gusto a parrilla de las hamburguesas americanas con un ligero toque picante. El pan, casero, nos llegó algo sudado y mojado por debajo. Creo que se debió al formato del combo, una bandeja de aluminio, donde estaba la hamburguesa y las patatas. Estas últimas también caseras y muy ricas.

En resumen, unas más que dignas hamburguesas, para tomar de forma rápida e informal, por poco dinero y en una zona que se está convirtiendo en el paraíso de los hamburgueseros ya que por allí se encuentran otros locales como Strawberry Fields, La H es Muda, De10 o, uno de nuestros favoritos: Goiko Grill.

martes, 19 de abril de 2016

Taberna Moderna en la Milla de Oro gastronómica... la calle Ibiza

Una de las nuevas zonas gastronómicas de moda en Madrid es Ibiza. Poco a poco, en el área formada por Menéndez Pelayo con Ibiza, Fernán Gomez y Doctor Castelo con sus calles interiores (Narvaez, Lope de Rueda y Menorca) se ha ido llenado de grandes locales de restauración. Hace 7 años abrió uno de los más conocidos, la Taberna Arzabal, y desde entonces el número no ha dejado de crecer.

Tan de moda está la zona que nosotros intentamos reservar en los más conocido con una semana de antelación y nos resultó imposible así que decidimos ir a la aventura, plantarnos allí un sábado a mediodía y comer donde hubiera sitio. Y de está manera descubrimos la Taberna Moderna, llenísimo en su parte de bar pero muy tranquilo en la parte de restaurante de la planta superior.

Cuando llegamos lo primero que nos sorprendió fue el servicio. Impecable en la manera de tratarnos y de acomodarnos. Nos ofreció algo de beber mientras revisábamos la carta, centrada en el tapeo y en los productos de mar, arroces y huevos. Aunque también tenían algo de carne la mayoría eran pescados así que nos decantamos por ellos.

Y empezaron a llegar platos con una cadencia perfecta. Lo primero una tapa de salmón, cortesía de la casa.

- Chanquetes con huevos. Un lujo, es difícil encontrar chanquetes hoy en día.
- Ensaladilla rusa de merluza del Cantábrico.

- Coquinas

- Delicias de bonito en escabeche. Aquí erramos un poco puesto que el bonito pierde al ir en escabeche y, además, sabía como la tapa de salmón.

De postre un souffle de chocolate y un café. La cuenta total con agua y 3 vinos blancos salió por 90 euros para 3 comensales. Ticket apañado teniendo en cuenta que el precio medio en carta de cada plato es de unos 15 euros.

En definitiva, un lugar genial para una comida tranquila, sosegada y de mucha calidad. Un descubrimiento interesante e inesperado que añadimos a nuestra lista de sitios favoritos.

miércoles, 13 de abril de 2016

El Bohío de Pepe Rodríguez (Masterchef)

Últimamente, cada vez que queremos hacer una escapada, nos cuesta una barbaridad encontrar mesa. No solo reservando a última hora (entendiendo como "última hora" la misma semana) sino que para este fin de semana pasado fueron varias las opciones barajadas con hasta 5 semanas de anticipación y varios sitios donde nos quedamos en lista de espera, pero al final, conseguimos, con un par de días de antelación, mesa en El Bohío. Al estar en Illescas, aprovechamos para quedarnos a dormir allí y poder así maridar cómodamente la cena.

Del pueblo vimos únicamente el camino del hotel al restaurante y no sé si había mucho más que ver, pero lo que sí que puedo decir es que solo por ir a El Bohío, Illescas bien merece la pena.

Íbamos sin mucha expectativa, sin tener ni idea de qué nos encontraríamos. Por lo poco que habíamos visto y las referencias que hacía el archiconocido chef, Pepe Rodríguez, en el programa de Masterchef, esperábamos un menú clásico, de comer con cucharón, en un local tipo mesón, con decoración antigua. Pero nada más lejos de la realidad. Según llegamos, la primera sorpresa: ahí estaba el mediático cocinero a la puerta del restaurante, un sábado a las 10 de la noche. No lo esperábamos ni por asomo, la verdad. Nos acompañan al piso superior y hay una amplia estancia, espaciosa, en tonos oscuros y con mesas grandes. Decoración minimalista, muy agradable.

 Nos trajeron la carta y los snacks a la vez. Había tres opciones a elegir:

- Menú del día: incluye los snacks de bienvenida, un par de entrantes, un plato principal a elegir y postre (40 €)
- Menú de temporada: snacks de bienvenida, dos entrantes, un pescado, una carne y dos postres (65 €)
- Menú degustación: incluye "avalancha de snacks de un solo bocado" (8, ni más ni menos), otros 8 platos degustación y tres postres (105 €)

Al ser una cena y haber comido copiosamente, decidimos elegir el menú de temporada "Primavera" (que para eso estamos en abril). Con el menú elegido y los snacks en la mesa, pedimos la carta de vinos. Vino el somelier con la carta, que nunca vimos. Nos ofreció un vino de la tierra. Le indicamos nuestra preferencia por los espumosos así que nos propuso probar un champagne muy suave, Barrat Masson. Sin opción a ver la carta, decidimos dejarnos aconsejar y fue buena elección.

El menú elegido estaba compuesto por:

Snacks:
- Crujiente de cerdo: una laminita milimétrica de sabrosa corteza de cerdo
- Ensaladilla rusa con merengue: tradicional ensaladilla, pero de las ricas.


- Cremoso de queso con crujiente y aceituna. Estaba servido cuando dijimos que no nos gustaba el queso. Sin reparo alguno, nos recogieron la tapa y nos la cambiaron por Piedra de sésamo (el sustituto del queso): curiosísimo. Apariencia de una piedra pómez con una textura fabulosa y riquísimo. La perfecta puerta de entrada para el resto de platos que nos íbamos a encontrar.

Entrantes:
- Crema de coliflor, arenque y maíz tostado: estupenda mezcla de texturas y sabores. El crujiente del maíz con la coliflor y el arenque... nunca lo habría imaginado, pero muy sorprendente.

- La pelota del cocido con tomate y fideos: un sabor clásico con sabores a cocido pero que no fui capaz de reconocer al 100%... pero ojo, esto no tiene por qué ser malo.

Platos principales:
- Pez limón, ensalada de aguacate y pomelo: cuatro trozos generosos de pescado. Tuve una suerte un poco regular con este plato. Dos de los trozos se habían quedado un pelín crudos y no estaban todo lo ricos que deberían. Eso sí, los dos trozos que estaban en su punto estaban in-cre-í-bles.
- Presa ibérica: Tuvieron un problema en la cocina y para que no tuviéramos que esperar demasiado, nos la sirvieron en dos veces, dos medias raciones, con el detalle de tener una guarnición diferente en cada plato. Ya que tuvieron este detalle, destacaría la guarnición de ajo negro. Pero lo realmente importante del plato, la presa, estaba fabulosa. En su punto, con una salsa tipo glaseado que era increíble. Diría que era el mejor plato si a estas alturas de la cena no lo hubiera pensado ya otras dos veces, jeje.
 

Postres:
- Fruta de la pasión, praliné y sal de kikos: Sí, sí, sí. Otro plato redondo, con acertadísima combinación del ácido, dulce y salado. Perfecto.

- Coco, caramelo y sésamo: pufff... con el postre anterior, ¿atreverse a poner después un postre de tres ingredientes tan raros como estos? pues sí, vuelve a acertar. Otra vez la crema y los crujiente aciertan en un postre bonito y sabroso.

Acabamos la cena con unos petit fours de café y chocolate, un estupendo remate a una fabulosa cena.

Pese a elegir los menús que a priori no eran muy caros, el IVA no está incluido, el pan (muy bueno, en modo degustación, a 3,50 €/pax, anunciado en la carta), el champagne a 55 €, el agua y un café, hizo que la cuenta ascendiera a casi 220 €.

El sitio es más que recomendable y la estrella michelín que ostenta, en este caso, está más que merecida.

sábado, 9 de abril de 2016

De tapas en Tarragona

Siempre me ha encantado Tarragona. En otro siglo estuve una temporada viviendo allí y le tengo mucho cariño a la ciudad aunque, de aquellas, el tema gastronómico era más bien pobre. Recuerdo lo que nos costó, en nuestro primer día allí, encontrar algún sitio abierto para cenar a las 8 de la noche y recuerdo que, de lo poco que había en la ciudad eran Llesquerías, restaurantes donde comer llescas (tostas). Ahora todo ha cambiado para mejor. Hay zonas repletitas de bares y con muy buen ambiente para ir de tapas por Tarragona.

Las zonas están principalmente en el centro donde hay dos plazas con mucha concentración de bares. Una en la parte alta, en la Plaça del Fòrum, y otra en el Ayuntamiento, en la Plaça de la Font. Una delicia de plaza con casi 20 locales y donde hicimos nuestra parada. En la ciudad el concepto tapa es variable, dependiendo del local, siempre es de pago y en la mayoría es similar a una media ración.

Empezamos por Lola Tapes, recomendación de Pepa de losplaceresdepepa.blogspot.com y donde tomamos las tapas de mayor calidad del viaje. Nos sentamos en la barra y pedimos un vermú, una Coca-Cola y mosto. Allí todo lo que venden son productos de cercania, de km0. El vermú era marca "Medusa", de la que nunca habíamos oído hablar pero que era una maravilla. Con el mosto fue más flipante porque lo vendían por tipo de uva y tenían de muchos tipos: merlot, xarel-lo, macabeu, etc.

Para picar pedimos unas bravas, preparadas con alioli y mojo rojo, genial mezcla y un pulpo cuya textura era insuperable. Esta tapa tarda porque lo preparan a la brasa y lo hacen despacio para que no se queme... pero la espera merece la pena. Total, 17,75€
 

De ahí cruzamos a Quattros. El solecito de su terraza y ser uno de los más llenos nos llevó hasta él. A tomar un cava, una coke y unos mejillones del Delta por 10,60€

La última visita en la plaza fue para el Piscolabis, un buen sitio con enorme carta de tapeo donde recomendaban los buñuelos de bacalao. Los pedimos y no estaban mal pero no eran para tanto, aunque la tapa sale por solo 3,5€. Mejor las anchoas (10€) que con un par de cavas llevó la cuenta a los 18 euros.
 

Al día siguiente quisimos visitar la zona del Serrallo.  El antiguo barrio marítimo ha recibido un buen lavado de cara y está repleto de locales, más que de tapeo la zona es de restaurantes pero cometimos el error de no reservar y cuando llegamos era imposible entrar en ningún lado. De los recomendados, a cada cual más lleno. En L'Àncora la cola era infinita, igual en L'Anap. Probamos en varios más y vista la imposibilidad decidimos subir hacía la ciudad, a otra calle donde habíamos leído que había varios, Mendez Nuñez (junto a la Rambla), donde realmente el único que merecía la pena era De Vins. Un elegante sitio, con buen servicio y donde servían un menú de entrantes (foie, jamón, ensalada de tomate con ventresca), arroz con gambas y postre bastante digno, con muy buena materia prima aunque quizá con poco plato catalán para mi gusto. El ticket, con bebida que se pagan a parte, fue de 63 euros; 28€ el menú.
 

La siguiente escapada nos llevó al Delta del Ebro. No conocíamos la zona y, tras un paseo en barco, un amigo nos recomendó Lo Patí d'Agustí. Situado en Deltebre, en una zona con bastantes arrocerías, este era el más lleno. Tanto que incluso agobiaba un poco. Famoso por preparar los arroces al fuego quisimos innovar y pedimos un arroz de pato con anguila. Fallamos, además de tardar tanto que los entrantes (Pulpo en Cebolla y langostinos) estaban casi digeridos, el pato estaba duro y seco, y el arroz no cogió bien su sabor. La cuenta con un arroz para dos, los entrantes, 4 cavas, un postre y un café fue de 66 euros. Creo que el error fue la elección y que había que haber probado un arroz pelat, además el hecho de que permitieran fumar nos aguó un poco la comida, sobretodo al final cuando la mesa de al lado se pusieran a darle al puro ante el pasotismo del camarero que, por otro lado, había sido muy servicial toda la comida.


Para acabar la visita nos acercamos a Cambrils, donde resulta que. además de tiendas de cubitos y palas, hay dos estrellas michelín. Nos decantamos por El Rincón de Diego pero eso os lo contamos en otra entrada.

viernes, 1 de abril de 2016

De cañas por Ponzano

Ahora que La Latina está de capa caída (no por número de personas por local sino por la calidad de los mismos) se ponen de moda otras zonas. Algunas por el crecimiento de buenas tabernas, como la zona de Ibiza. Otras que ya eran conocidas pero que en los últimos años han ido a más. Es el caso de Ponzano, uno de los lugares de encuentro del pijerio madrileño pero que últimamente, con la llegada de sitios de lo más chic como Sudestada o la Sala de Despiece, están que lo petan... y allá que nos fuimos: de tapas por Ponzano.

Para analizar bien la zona hicimos dos pasadas, una de domingo en horario vermú y otra de sábado noche. Realmente en ambas teníamos un primer objetivo: probar la tortilla de patata que dicen mejor de Madrid, la del Sylkar. Pues nada, no abre domingos y el sábado, a las 9 de la noche, ya estaba cerrado. Hicimos una tercera escapada y al fín lo logramos, un sábado por la mañana, triunfamos. Estaba abierto y había sitio. Casi lloramos, pedimos dos cokes que acompañaron con una tapa de carne guisada espectacular y una pincho de tortilla, grandecito, jugoso y con el huevo poco cuajado. Como debe ser. El pincho sale por 2,6€. Decir que el servicio es atentísimo y que continuamente estaba entrando gente que a por tortillas para llevar.

En las dos visitas había mucha gente. El domingo se podía entrar, dependiendo del sitio, más o menos bien. Pero el sábado era imposible, algunos bares, como la Sala de despiece, tenía cola para entrar y en otros incluso "puertas" para gestionar el tráfico de personas, como si fueran un garito de copas.

En la primera visita en domingo vermú
- Sala de Despiece, teníamos mucha curiosidad por conocerlo. El local tiene una decoración muy visual, como una sala de despice y es una barra de productos de mercado que merece la pena probar. Un par de Cokes, navajas, pulpo placha y butifarra por 30 euros
 

- Bar Ponzano, uno clásico, de los de toda la vida. Nos metimos, más que nada por poder entrar en algún lado. Era una hora donde estaba difícil sentarse (el domingo estaba medio vacío y nos pudimos sentar pero el sábado no se podía entrar). Un par de vermús y unas croquetas y a seguir.

- Lambuzo: el aciertazo del día, un bar de tapas típicas de Cádiz con una carta fabulosa y al aplicar el concepto tapa no es tan caro como otros. Un agua, Barbadillo, Tapa de atún rojo, coquinas (12€) y tapa de ensaladilla de langostinos: 22,80€
 

Segunda visita sábado noche:
- De Atún, entramos porque era de los pocos que parecía que tenía hueco. Evidentemente toda la carta basada en el atún. Cuenta con dos zonas, una de barra y otra de mesas altas donde es necesario reservar. Una coca-Cola, verdejo, Tataki de atún ahumado y habanito de atún (delicioso purito de pasta brick con atún crudo) por 15 euros. Merece la pena ir solo por el purito.
 

- El Doble. Y el timo de la noche. Entramos a tomarnos una de sus famosas cañas, ya que dicen que es de los sitios de Madrid donde mejor las tiran (a 1,60€). Taberna típica, de las de toda la vida, con sus fotos de famosos y su carta pintada en los azulejos. El timo viene con la comida, todo es bastante caro y en nuestro caso pensamos en unos camarones que había por 7 euros los 100 gramos. Nos pusieron el platito de la foto y nos cobraron más de 31 euros por el plato ¿creéis que ahí hay 450 gramos de camarones o hicieron el típico timo de las marisquerías? Ese plato, una caña y blanco por 35 euros.... uff. Creo que el nombre de El Doble es porque te cobran siempre el doble de lo que pesa la comida

- La Lata: carta variada, con latas y una pequeña lista de platos cocinados. Nos tomamos un par de tostas de sardina y un número de vinos tan desmesurado que no tiene importancia que os digamos el total de la cuenta.... el precio está en la media de la zona, es decir, medio alto y el ambiente es muy juvenil

En resumen, la calle merece la pena pero tiene sus pegas. El pijerio de algunos locales es excesivo y parece que si no eres un "habitual" te miran raro (caso de El Doble), el tema de hacer cola para entrar a tomar un vino tampoco nos convence demasiado. El ticket medio también está algo subido de precio. Como pros contamos con que hay mucho ambiente, una de las mejores tortillas de Madrid, una amplia variedad de barras, de todos los colores y sabores así que ¿por qué no ir de cañas a Ponzano?
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