martes, 28 de abril de 2015

Hamburguesas XIX: Friday's

Vamos a hacer una entradita rápida para comentar uno de esos sitios de hamburguesas que no merecen mucho la pena pero que, al ser cadena, os encontraréis en muchos sitios. Me estoy refiriendo al Friday's que pertenece al grupo Vips y tiene más de 10 locales en Madrid y uno en Sevilla.

Este lugar se puede englobar en ese tipo de cadenas que nacieron allá por los 90 para enseñarnos como eran las verdaderas hamburguesas pero que hoy en día, con la expansión de las hamburguesas gourmet, ya no son para tanto. Locales de centro comercial... los lugares más tristes del mundo para ir a comer.

Su carta es lo mismo que las otras cadenas del mismo palo como Ribs o Foster (el peor de los tres): entrantes tipo alitas, nachos, costillas, carnes y hamburguesas.

Hamburguesas normalitas, que se notan semipreparadas, planas y todas del mismo tamaño, 200 gramos. Tienen poco sabor a parrilla, realmente no están malas y son algo mejores que las del Foster, más jugosas aunque con el pan un poco dulce para nuestro gusto. Pedimos una Bacon Cheeseburguer que por algunas zonas estaba demasiado salada pero con un gusto bastante aceptable.

Por probar otra cosa pedimos una de pollo que bueno... las hamburguesas de pollo no son hamburguesas!

Completamos la comida con un menú infantil que, para lo que es sale algo caro: una hamburguesa pequeña, con bebida y un postre por 8 euros. También es algo cara la bebida 3,45€ una Coca-Cola de grifo. La cuenta salió por 38,70€ las dos hamburguesas (11 euros cada una), dos Cokes, el menú infantil y un café solo.

El servicio, para lo que suelen ser estos sitios, muy agradable. Muy volcado en atendernos bien y, lo más sorprendente, rápido. Además creo que si es tu cumple todos los camareros te cantan el cumpleaños feliz a coro... cumplir años y que te lo canten unos camareros todo junto... como para que te entren ganas de suicidarte.

miércoles, 22 de abril de 2015

Royal Cantonés: el mejor chino de Madrid

Hoy os presentamos.... un chino!! si, un restaurante chino. Y en Usera. Ni más ni menos. Aunque esto último es normal puesto que el madrileño barrio de Usera se ha convertido en una pequeña Chinatown. ¿Y por qué hacemos un post sobre un restaurante chino? pues porque leímos en El Comidista que era el mejor chino de Madrid. Y posiblemente lo sea.

Un local normal, normalito, ni figuritas, ni dragones, ni farolillos; nada de eso solo un par de peceras y fotos de personajes que han pasado por allí como Juan Echanove o la infanta Elena. El local es más bien pequeño y con varias mesas redondas, con el centro giratorio para poder compartir los platos. Platos que, por otro lado, no son los clásicos de las cartas de los restaurantes chinos sino que tienen pinta de más auténticos como Estómago de ternera cocido, tendones, intestinos de cerdo o tripas de oca. Todos los platos en un correcto castellano y un perfecto cantonés.

Los platos que hemos catado han sido:
- Plato combinado de asados: con varias carnes asadas de pato, cerdo, panceta, costillas y pollo. Un buen plato para probar distintas carnes. Además el pato no te lo puedes perder y rápidamente nos arrepentimos de no pedirnos un pato cantonés.

 - Canelones con vieras al vapor. La textura es algo pesada ya que el envoltorio es de pasta de arroz.
- Empanadillas de gambas al vapor.
- Bao de pato asado con boletus. La masa era muy densa y le quitaba sabor al contenido.
- Langostinos salteados con gambas. Un plato que ni fu ni fa

- Costillas de cerdo en salsa agridulce
- Cazuela de tendón de ternera. De textura muy gelatinosa, no pidas sino tienes el paladar para ese tipo de comidas.

- Tallarines fritos con carnes
- Arroz frito con tres delicias. Si, pedimos una cosa así de de vulgar. De unos años a esta parte en los chinos "normales" este plato ha perdido sabor pero aquí aún tiene el sabor de arroz chino de verdad.

Terminamos la comida con unos postres chinos que no habíamos visto nunca en ningún lado y que estaban muy ricos:
- Tartaleta de huevo: parecido al dulce de Belém portugués
- Masa Mala. Pasta dulce de Malasia que eran como unas madalenas muy suaves y esponjosas

Puedes acompañar la comida con alguna cerveza china como la Tsingtao, suavecita.

El servicio es atento y educado, como suelen ser los orientales, aunque a veces se producen problemas de incomprensión al hacer el pedido y ya nos sabes si te van a traer la empanadilla de gambas o una ensalada de medusas. Tienen un camarero español que debe ser quien lleva el email y la cuenta de Twitter porque se puede reservar incluso por DM. El precio medio es de unos 20 euros por comensal, dependiendo lo que pidas, el pato cantonés o los asados salen por unos 19 euros pero el resto de platos rondan los 20€.

En definitiva, un restaurante con auténtica comida cantonesa donde puedes decir el tópico de "es un chino al que van a comer chinos".

lunes, 13 de abril de 2015

Hamburguesa XVIII: Foodtruck

Fuimos a probar las hamburguesas de Foodtruck hace un tiempo y aún teníamos pendiente comentarlo. No salimos contentos del todo pero el paso del tiempo nos ha hecho pensar que, aunque la visita no fue perfecta, el lugar no estaba tan mal por lo que seguro que le daremos una nueva oportunidad.

Y no fue perfecta por algún detalle con la carne y el servicio que nos chafó un poco la experiencia. Además era curioso porque el servicio es atento, son muy majos. Muchísimo. Y sin embargo... a pesar de tener solo 4 mesas ocupadas, fue muy lento; se olvidaban cosas incluso después de recordárselas, empezamos a comer sin la bebida, etc.

Con la carne el problema fue que, en una de las hamburguesas, estaba quemada. Se le había ido un poco el punto en la parte exterior, lo justo para que ese sabor perfecto: "jugosa por dentro pero a la brasa por fuera" se quedará en sabor a carbón. Para la cata pedimos un New York por ser la que más se parecía a una hamburguesa clásica: carne de vaca, queso, lechuga, tomate, cebolla caramelizada y pepinillo. A parte de lo que ya hemos comentado de la carne esta viene en estilo pelota, gordota y el pepinillo tenía un sabor muy intenso. Por lo que, siendo una buena hamburguesa, no nos convenció demasiado.

La otra fue una Méxicana con aguacate, salsa chitplote, que sirven a un lado, y cebolla roja. Aquí cometimos un error ya que la pedimos hecha (por temas de embarazo) y estaba muy hecha lo que la hacía un poco seca.

Las hamburguesas van por peso, la normal de 250 gramos, por 9 euros y luego de 500 gramos, 12 euros, y una gigantesca de 750 gramos por 15€. Unos precios más que baratos para lo que cobran ahora en otros lugares. Además de las que pedimos hay otras como la Georgia, con huevo, Honolulu, con piña, de Costilla o la Cactus, con cactus (?)... habrá que probarlo !! . Otros platos de su carta son los bocatas y sandwiches, perritos, costillas, pollo, ensaladas o los entrantes como jalapeños, palitos de queso, etc. Los postres más orginales que en otros lugares similares: tarta de zanahoria, de guinnes, etc.

El sitio está decorado al estilo American Dinner pero donde más se nota la influencia americana es en su carta de bebidas. Impresionante: Coca-Cola con vainilla, Dr. Pepper, Mountain Dew y todas esas guarrindongadas dulces que les molan a los yankees y que puedes probar incluso en plan "Maridaje de Coke". La carta de cervezas también merece la pena por lo original: Samuel Adams, Anchor Steam o Sierra Nevada Pale.

Las reservas se pueden hacer por 11870.com y cuando nosotros lo hicimos te aplicaban un descuento del 15% aunque sin él también habría salido barato puesto que las dos hamburguesas, con dos cokes, un brownie y un café salía por 27 euros.

Las crónicas de distintas páginas de opinión como 11870, Tripadvisor o uno de nuestros blogs de cabecera (www.hamburguesasenmadrid.com) valoran este sitio mucho más que nosotros asi que... tendremos que repetir!!!

lunes, 6 de abril de 2015

2015 - El año que volvimos a Diverxo

Después de mucha espera, varios intentos y sobre todo, muchas ganas, ¡hemos conseguido volver a Diverxo!

Tuvimos que reservar con casi 6 meses de anticipación, justo en el momento en que cambiaron el sistema de reservas al polémico pago por anticipado de 60 € por comensal (lo llaman "Ticket"), con posibilidad de cambiar la fecha si se avisa con 48 horas de antelación. Por lo que podemos ver, el tiempo de espera actual, es más o menos el mismo que cuando reservamos nosotros... así que no es imposible!

Nuestra anterior visita fue en el 2011, en su anterior local, en la Calle Pensamiento (Barrio de Tetuán). Desde entonces, Diverxo ha cambiado mucho: de 1 a 2 y luego 3 estrellas Michelín, y el traslado a los bajos del hotel NH Eurobuilding, en la Calle Padre Damián. Y como resulta inevitable, tenemos que hacer esta nueva entrada, comparándola con nuestra anterior visita.

En 2011, el local era sobrio y elegante, con poco personal, vestido de negro elegante, y salimos del restaurante entusiasmados, alucinando con los sabores, totalmente sorprendidos con la comida que habíamos tenido y planeando cuando podríamos hacer nuestra próxima visita. En esta ocasión, la sensación que tuvimos al salir era más de salir de un teatro, más alucinados por el espectáculo que por los propios platos en sí. Es indudable que David (Dabiz) Muñoz está creando tendencia y a día de hoy, es mucho más fácil que en aquel entonces, probar sabores asiáticos combinados con productos mediterráneos, lo que hace complicado que los sabores sean tan sorprendentes. Supongo que por ello, el cocinero madrileño tenga tanto interés en el "Xow" y diferenciarse a través del espectáculo que supone su sala.

El nuevo Diverxo es espectacular. Desde los camareros vestidos tipo futurista, el blanco que lo rodea todo, las mesas inmensas con sus señores sofás, las mariposas "revoloteando", los cerdos con alas, los "helados"-botelleros... Este conjunto, con la gran cantidad de personal, hacen que la sala parezca un continuo baile.

Según llegamos, nos acompañaron a la mesa, donde ya estaba iniciado el primer "lienzo" que nos prohibieron tocar por estar incompleto, y nos preguntaron si queríamos algún aperitivo. Dijimos que sí y a partir de ahí, nos tocó esperar un largo rato donde nos creímos invisibles aunque aprovechamos para observar el continuo ir y venir. Por fin, después de un rato tal vez demasiado largo, se acercó el sumiller (Javier Arroyo) a consultarnos por los menús. Disponen de dos tipos, el "Xow" (145 €) y el "Glotón Xow" (200 €). Como habíamos indicado en nuestra reserva que yo estaba embarazada y que no comíamos queso, nos recomendaron pedir el menú corto, ya que recortarían los platos en los que estábamos limitados y así evitaríamos problemas. En principio nos pareció bien... hasta que llegó el primer aperitivo y el camarero se presenta: Bueno, me han dicho que no coméis queso, pues el primer entrante es este "canelón de mozzarella". No dijimos nada, pero nuestra cara debio de ser un poema... El problema no habría ido más allá si no hubiera sido porque en un par de platos más nos encontramos con el ingrediente en cuestión, y en ambos casos habría sido fácilmente evitable (uno era una salsa que estaba bajo una gamba y el otro, eran bolitas de mozzarella en una especie de sopa). Con el tema del embarazo, es cierto que estuvieron muy precavidos, en exceso incluso, pero una cosa no quita la otra... con el queso, a mi parecer, estuvieron poco respetuosos. Echamos también en falta un poco más de apoyo a la hora de seleccionar las bebidas. Al no beber yo alcohol, dijimos que no pediríamos ninguna botella, ante lo cual, se quedó esta parte de la comida un poco descuidada. Andy pidió una copa de vino, pero cuando se le acabó, en mitad de la comida, se la retiraron sin hacer ademán de ofrecerle otra.

Advertencia: Al igual que en la ocasión anterior, si tienes previsto ir próximamente y quieres que te pille todo de sorpresa, aquí deberías de dejar de leer.

Los entrantes, consistieron en principio en unos crujientes que nos llevaban esperando desde que nos sentamos y tuvimos que espachurrar de un manotazo, con palomita y una salsa japonesa, que estaba exquisita con los crujientes, y el mencionado canelón de mozzarela.

El primer lienzo, "Comienza el espectáculo", compuesto por 4 platos distintos, con la misma esencia (maíz y trufa) en distintas texturas: una especie de bollito con el que nos quemamos, otro tipo "roca", o palomita que estaba congelado, otro tipo sopa y por último, sólido, con la trufa laminada y aderezado con suero de búfala. Texturas diferentes pero un poco repetitivo el sabor de fondo.

Con los lienzos ya iniciados, nos entregan la carta de los platos que comeremos, en ella figura la totalidad de platos disponibles, seleccionando los platos e indicando el orden en que saldrán.

El segundo lienzo era "Araña gallega de mar y tomate picante". Consistía de nuevo de un par de platos. Uno primero de centolla con un espagueti de palo cortado, que deja picante al final, y bombón de aceituna. El segundo plato, cangrejo rebozado en bienmesabe. Para aligerar los sabores, se remata el plato con una cucharada de polvo de tomate helado que refresca muy bien la boca y ayuda a potenciar los sabores siguientes. El sabor era el mismo que el de la Nieve de tomate de Quique Dacosta

En mitad de la comida, creo recordar que en este punto, nos traen una nueva carta con el menú donde ha habido modificaciones. Inicialmente íbamos a comer el lienzo "Bacanal Andaluza-Xo" y nos lo cambian por "Técnicas de wok". No entendimos muy bien, pero seguimos.

Tercer plato: "Pad Thai" del mediterráneo con huevo frito y tallarines de salsify y gamba roja: En este plato, se juntó el espectacular huevo frito que habíamos probado en nuestra anterior visita y que, desde entonces, llevamos recordando casi a diario y no nos defraudó. Desgraciadamente, este fue el plato donde la salsa de la gamba tenía queso, con lo que no pudimos apreciar su sabor.

El cuarto plato también era una versión del "cochinillo pekinés" que habíamos probado. Lo llamaban: "Infante ibérico viajando a Pekín". En esa ocasión, por un lado, el dimsum del cochinillo con una sopa de apio-pepino (la sopa no me convenció nada) y por otro, la piel del cochinillo, con bizcocho, jugo de ibérico, sésamo negro y hoisin de fresas. Tan rico como lo recordaba  de la vez anterior.

El quinto plato fue el que nos habían añadido posteriormente: "Técnicas de wok: Glaseado express de Kobe en su jugo". Tenía un primer plato, donde el Kobe estaba espectacular y se combinaba con una ensalada de frutos rojos y donde se repetía el tomate helado. El segundo plato, era un nigiri ahumado que no nos convenció a ninguno de los dos.

Este lienzo se remataba teniendo que beber un néctar de flores metido en una rosa que colgaba sobre nuestras cabezas desde el inicio de la cena. Curioso, divertido y sabroso.

El sexto lienzo: "Pimienta de Jamaica y raya". Consistía de nuevo en dos platos. El primero, parecía una caricatura del plato minimalista, consistente en una raspa de pescado (exquisita) y unos trocitos de patata. A pesar de la minucia del plato, los sabores del mismo eran muy intensos.

El segundo plato, "Untuosidades de bacalao, agripicantes y taro". Presentación muy curiosa, en el interior de un coco, el cual había que "raspar" y sorprendía por el sabor que había adquirido el fruto. Fue mas sencillo en uno que en otro... pero que se estropea por volver a añadir dos bolas de mozzarella a pesar de nuestra aversión al queso... no habría sido tan complicado omitirlas y a mí, personalmente, me habrían hecho mucho más agradable el plato.


Por último, la traca final, el lienzo Vintage, "Back to the future". El auténtico espectáculo de la noche. Los camareros se enfundan unos guantes blancos, corren las cortinillas que hay alrededor de la mesa, traen un pequeño mp3 con música francesa de ambiente, un sobre lacrado que no se puede abrir hasta que venga la comida, unos candelabros y copas altas, con un burdeos (mosto tinto para mí, todo un detalle) y te trasladas al París de los 70... en este punto el camarero se queda un rato contigo y no supimos realmente que nos tenía que contar ya que en nuestro caso lo que hizo fue quejarse en plan "en este punto os tendría que molestar un poquito pero después de trabajar 80 semanales ya ni me apetece". No sabemos si es parte del Xow o que pero nos pareció que no ya que, durante el servicio, vimos a algún camarero resompando y refunfuñando.

El plato viene bajo una campana dorada, con todo tipo de complementos franceses, y la carne (jarrete lechal) lo trinchan y sirven en la mesa y por fin descubrimos qué hay en el sobre misterioso: el listado de cada uno de los 12 complementos del plato, desde Macaron de apio nabo a ostra con karashi pasando por bombón líquido de calvados o gelatina de hibiscus. Muy divertido y original.

Llegamos por fin a los postres. La vez anterior ya nos pareció que eran un poco "bajos" para el nivel del resto de platos. De hecho, volvimos a tomar lo mismo que la vez anterior. Ahora se llama Madrizzzzzz by Dabiz, pero viene a ser la mousse de violetas que ya habíamos probado. Muy rica, eso sí, pero echamos en falta algo más... ¿chocolate?

Pedimos los cafés, y después de un rato de espera (un poco largo) nos trajeron un remate goloso, unos polos de chocolate, fresa y gominola de cola, muy ricos, una nube de algodón de cereza y una gominola japonesa. Una delicia para rematar.

En resumen, una experiencia muy divertida, bastante diferente a la vez anterior. No obstante, salimos un poco disgustados con el servicio, ya que imaginamos que un restaurante de este nivel, debe tener más cuidado con determinados detalles, como los gustos de los clientes, los tiempos de espera o el descuido con las bebidas.
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