martes, 17 de febrero de 2015

Hamburguesa XVII: Taberna La Excéntrica

Comentamos este lugar dentro de la categoría hamburguesas ya que es uno de los platos de la carta y porque antiguamente se llamaba hamburguesería Ernie's Station pero también queríamos hablar de él porque tiene una cosa que nosotros no tocamos mucho "donde comer con niños". No lo tratamos porque pensamos que todos los sitios son buenos para comer con peques. Hemos visto a niños comer en Arzak y hemos llevado a nuestro propio hijo a restaurantes como Coque o Quique Dacosta. Los niños pueden comer de todo, lo mismo que los mayores, y deben acostumbrarse a saber estar en una mesa. No hay que tener miedo... pero si aún así te da un poquito de cosa este es tu sitio.

La Excéntrica si es un verdadero sitio para comer con niños, hemos leído blogs sobre el tema donde recomiendan lugares donde no hay nada para los más pequeños. Aquí si lo hay, está la Excentrikita una zona infantil donde puedes dejar al niño y comer tranquilo mientras él se divierte, cuidado por monitoras, en un parque infantil, pintando o haciendo manualidades en mesas. Para poder disfrutar de estas instalaciones los niños han de comer un menú infantil de 8,9€ que se compone de bebida, un plato combinado de un nugget, dos quesadillas, hamburguesa (bien de tamaño) o perrito, patatas fritas y helado.

Para los mayores lo que interesa es la comida y esto ya es otro cantar: nefasta. Es un sitio al que se va a lo que se va: a comer fuera de casa con niños, no a comer bien. La carta se compone de tapeo, tostas, tortillas, croquetas y paellas. También existe la opción de tomar un menú cerrado de 19,90 compuesto de tapeo a compartir: Tortilla vasca (bacalao, ajos tiernos y pimientos verdes), Croquetas variadas (jamón y espinacas y puerros) y Ensalada la Excéntrica (de garbanzos), segundos a elegir: Hamburguesa estilo Ernie´s Station, Verduras a la plancha o Brocheta de pollo. El menú incluye postre y barra libre de bebidas (vino, cerveza, refresco, zumo) y nosotros, al ser 20 personas con 9 niños, nos decantamos por comodidad por esta opción.

En nuestro caso pedimos la hamburguesa "estilo Ernie's station" que pasa directamente y sin comtemplación al último lugar del ranking de hamburguesas de Madrid. La carne era muy normalucha, sin llegar a ser mala pero poco contundente. El pan estaba totalmente empapado y sudado, medio deshecho sobre el plato. El relleno no aportaba nada, el bacon estaba bien pero la lechuga estaba sosa y el tomate era muy gordo, ayudando a que todo se deshiciera mucho más. Para colmo tardaron un millón de años en servirlas.

Mención especial para el servicio. Debe ser complicado trabajar en un sitio así, con niños gritando y corriendo por todas partes. No lo hicieron nada mal siendo tantos y con el follón que había. Al terminar de comer nos dijeron un par de veces que nos hacían un descuento por la espera, algo que se agradece, pero luego no lo aplicaron. Además nos cobraron el descorche de tres botellas de vino que traíamos con nosotros, algo feo ya que habíamos pagado un menú con la bebida incluida y traer nuestro propio vino (Cinco Elementos un Ribera producido por nuestro amigo Alfred) les venía hasta bien.

En resumen: un buen sitio para comer con niños, despreocuparte o ir en pandilla. Un mal sitio para comer buenas hamburguesas o para comer bien, símplemente.

viernes, 13 de febrero de 2015

De vuelta en el Gorria de Barcelona

Hace un par de días volvimos al Restaurante Gorria de Barcelona. Ya había estado anteriormente e incluso tenemos ya una crónica en este blog, además comimos exactamente lo mismo que la última vez así que ¿por qué escribimos de nuevo? pues por dos razones: la primera es que sigue siendo uno de los restaurantes con mejor calidad de la comida y la segunda, petición popular! Los otros comensales nos han pedido entrada y, ya que pagaban ellos, no se lo ibamos a negar.

Una apuesta futbolísticas nos llevó a cenar gratis (dos palabras maravillosas cuando van juntas) a este restaurante vasco-navarro de Barcelona, situado en Diputació, 421. Éramos 5 comensales que comenzamos la velada en la barra, dando cuenta de una botella de Albariño y un Viñas del Vero Gran Vos Reserva acompañados con un plato de llanquetes (una especie de chanquetes). Tras el aperitivo bajamos al salón donde comezó el disfrute regado con 3 botellas de Jean Leon:
- Plato de jamón, cortado a mano, fino y muy bueno para abrir boca. Con su pa amb tomaquet que aunque no es muy vasco siempre viene bien.
- Pochas de Sangüesa. Pedimos dos raciones para los 5, servidas individualmente daban para 5 platos bastante decentes. Son posíblemente las mejores pochas que he comido nunca, de sabor suave y nadas pesadas. El paladar empezaba a gozar.

- Kokotxas en salsa verde, otras dos raciones a repartir. Un salsa expectacular que con la calidad del producto conforman unplato soberbio.

- Rabo de toro.

- Para temirar el plato estrella: Chuletón Vera Bidasoa. Nos pedimos 3 kilos (145€) para los 5, quizá demasiado, aunque acabó cayendo. El preparado es perfecto, es uno de los sitios donde mejor ponen la carne, poco hecha, roja y tierna. (Aunque algún comensal cometió del sacrilegio de ponerla a hacerse más en el calienta-platos que la acompañaba).

Los postres consistieron en tres leches fritas flambeadas que sabían mucho a alcohol para mi gusto, unos canutillos de crema de textura perfecta y un sorberte de limón con vodka. Los acompañamos con unos cafés y un patxarán (invitación de la casa) y terminamos con unos gin-tonics, entre 7 (Beefeater) y 12 euros (G'Vine). La cuenta ascendió a 600 euros, 120 por cabeza, un buen agujero.

En esta ocasión el servicio no fue todo lo perfecto que las anteriores, estaba más disperso, como ausente y al final de la noche con un punto muy seco pero el sitio, a pesar de lo caro, sigue siendo uno de mis favoritos y uno de los restaurantes donde mejor cuidan la materia prima.

domingo, 1 de febrero de 2015

Cocidito Madrileño X: El Charolés

Nuestro último día de vacaciones de 2014 lo quisimos gastar para ir hasta San Lorenzo de El Escorial al Restaurante El Charolés, de donde dicen en cocidomadrileño.com que sirven el mejor cocido madrileño. Era imprescindible ir un día de vacaciones, ya que este plato solo lo elaboran los lunes, miércoles y viernes.

De entrada, nos imaginábamos un local tipo taberna, como los que suelen servir estos platos, pero no, el local es tradicional, pero tirando a elegante (tipo antiguo) que impone un poco cuando entras con un niño de 3 años.

Cuando reservamos habíamos avisado que tomaríamos cocido (así lo requieren), así que no tuvimos ni opción a mirar la carta. Nos sentamos, nos preguntaron por las bebidas, un agua y una copa de tinto reserva (que costaba 5,2€) y ya empezaron a traer platos: un primer plato al centro con las cebolletas y guindillas y nos sirven una patata cocida y un chorizo a cada uno. Nos indican que este es el punto de inicio del cocido, como se da orden a la cocina de que tienen que empezar a preparar la sopa. La idea es relativamente buena, ya que así vamos comiendo algo mientras se prepara la sopa para que el fideo quede en su punto. El contra, es que inevitablemente, te comes la patata y el chorizo (acompañado de una buena ración de pan "de libreta" que ya nos han servido) y se llena el estómago innecesariamente, ya que la patata y el chorizo volverán de nuevo a la mesa con los garbanzos.
 

Una vez preparada la sopa (con abundantes fideos aunque un poco baja de sabor, tal vez por el triple desgrase que le hacen), nos la traen servida, y nos dejan la sopera al lado, para que repitamos cuanto queramos. Yo, inocente de mí, cometí el error de repetir, dejando aún menos hueco para los garbanzos y las carnes.

Y después de la sopa, los garbanzos con patata y zanahoria, grelos y repollo que nos sirven en el plato y un gran número de bandejas con piezas generosas de todo tipo de carnes: jamón, costilla, morcillo, tocino de dos tipos, gallina, chorizo y tuétano y bolas de relleno (huevos, pan rallado, ajo y perejil que se ha cocinado con el resto del cocido). Y para acompañar los garbanzos, una rica salsa de tomate con comino, o la opción de aderezarlos con un aceite de oliva, que según oimos comentaban a nuestros "vecinos" de mesa, aún no estaba comercializado y era regalo del Duque de Alba para Charolés.





Después del cocido, cuando nos debatíamos en si postre o no, todavía nos faltaba un plato, las "Berujas", que según indican, ayudan a hacer la digestión. Son unas plantas que se crecen a las orillas de los ríos, y sirven en ensalada, con tomate y granada y dan a elegir con o sin ajo.

Dentro de nuestra experiencia en cocidos en nuestro ranking, lo pondríamos en cantidad, en segundo lugar y en calidad, entre el segundo y tercer lugar. El garbanzo estaba muy bueno, con sabor y con su punto justo y de las carnes algunas, como el morcillo, la costilla, el tuétano y el tocino, espectaculares.

No obstante, debemos indicar que nuestra experiencia con el servicio fue decepcionante. Habíamos llegado a las 2 y a las 2:20 nos estaban sirviendo los garbanzos. Aún así, no salimos hasta casi las 4, sin tomar postre, estando casi 45 minutos sentados, sin que nadie nos hiciera ni caso y antes habíamos estado casi 20 minutos desde que habíamos acabado los garbanzos y nos trajeron las berujas. Para poder irnos, tuve que levantarme directamente y dirigirme yo al camarero a pedir la cuenta... Con ese plan, obviamente, declinamos la opción de tomar postre (ojo a los precios, entre 8,50 y 10 € cada uno). Mientras tanto, en la mesa de al lado, tenían la suerte de contar con la presencia de Manolo Míguez, alias Manolo Charolés, atendiéndoles y contándole anécdotas de continuo, y nosotros mirando al infinito, con el niño aburridísimo y aún así portándose divinamente... Son ese tipo de casos en los que hubiéramos deseado que hubiera montado el espectáculo a ver si así se acordaban de que estábamos allí. Eso sí, para ¿compensar? nos regalaron un calendario.

Al final, la cuenta, con agua, una vaso de vino y una café, sin postre, salió por 70 €. Es un clásico y el cocido es impresionante aunque caro (29 euros) pero, sinceramente, la relación calidad-precio-distancia, la necesidad de disponer de un día libre entre semana y el disgusto con el que salimos con el servicio, no tengo del todo claro que compense.
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