lunes, 26 de diciembre de 2011

Turquía: Döner kebab

Nuestra experiencia turca fue tan fugaz que no podemos hablar ni hacer grandes recomendaciones sobre su comida. Además tampoco querríamos ofender a nuestros amigos expertos en Turquía (Sedat, Begoña, se admiten críticas).

Lo que si podemos es hablar de los kebabs y sus múltiples variedades, ya que prácticamente es de lo único que nos alimentamos. Es algo que parece fácil de pedir pero no lo es tanto ya que las cartas están llenas de cosas parecidas pero no iguales: Pide et döner, Tavuk döner, Iskender kebab, Yaprak...

Döner kebab significa carne que gira y es el nombre genérico que da pie a un infinidad de tipos: con pollo (Tavuk), enrrollado (Dürüm), clásico (Pide). Resulta más complicado de lo que parece ya que no siempre las cartas están en inglés y no es fácil saber lo que estás pidiendo. En los sitios para guiris hay fotos que pueden ayudar pero en otros locales no.

Una parada de muchos cruceros es Izmir (Esmirna en castellano), si pasas por allí y en vez de alguna excursión te quedas en la ciudad se puede dar un paseo por la zona del puerto y tomarte, por 7-10 liras, un Kahvalti. Literalmente significa "antes del café" y es un almuerzo consistente en queso, aceitunas, jamón, tomate, pepino, jamón, salchicha, mermelada, miel, mantequilla y pan. Finalizado con un té. Aquí verás turistas y turcos bastante occidentalizados pero si lo que quieres es algo más autóctono visita el Kemeralti-Bazaar.

El bazar está lleno de turistas pero también, en su centro, hay una plaza donde degustar té o el famoso café turco (ojo es café sin filtrar y tiene todos los posos por lo que no se debe de remover) y comer döner kebab. En algunos sitios no hablan inglés por lo que hay que fiarse de las fotos o intentar buscar ayuda con un tercero. Nosotros, gracias a un traductor griego, conseguimos pedir un Sade döner y un Iskender kebab. Ambos son carne de cordero servida en plato, el primero es la carne acompañada solo de un par de rodajas de tomate y pan y el segundo lleva, además, yogurt y tomate. 10 liras cada uno. En este local tuvimos un percance ya que en algunos sitios le ponen mantequilla frita encima pero aquí le echaban queso. Preguntan antes pero a su estilo así que sino te gusta el queso: huele primero de asentir.

En Estambul, tres cuartos de lo mismo, en Sultanahmet comimos en un local de kebabs totalmente para turistas, con la carta en ingles y fotos. Tarea fácil, pedimos un Pilavli tavuk döner (plato de arroz con pollo) y Pide et döner que es como los kebabs de aquí pero sin salsas.

Por la noche nos costó poder comer algo. Era Ramadán y al caer la noche la ciudad se volvió una hervidero de gente y de actividad. Es digno de ver, los locales ofrecen menús especiales pero todo está llenísimo y el ambiente es espectacular. Es casi imposible encontrar un hueco donde comer. Retirándonos de la Mezquita Azul pudimos encontrar un sitio libre y pedir un Pilav dürüm kebab (en la carta lo llamaban Mix kebab roll) y consistía en un kebab enrrollado, de cordero o pollo a elegir, y que tenía dentro carne, arroz, yogurt, ajo, salsa picante, berenjena y patatas fritas, tomate, lechuga y pepino.

La experiencia es curiosa pero a riesgo de parecer algo paleto creo que nuestro paladar está más acostumbrado a los kebabs europeos y a sus sabores, algo más suaves. Por mencionar alguno, son muy buenos los que se hacen en España en los locales que no son franquicias, reseñables por su gran tamaño los que se venden en Londres y espectaculares por su sabor los que se preparan en Berlín.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Fabada I: La Máquina de Lugones


Despues de tanto tiempo escribiendo y siendo asturiana, ya iba siendo hora de empezar nuestra búsqueda de la mejor fabada.

Teníamos que empezar, cómo no, por la de La Máquina de Lugones. Es conocida en toda Asturias y disputa, según dicen, el galardón con Casa Prendes (nos lo apuntamos para intentar ir y opinar próximamente). Tiene una sucursal en Madrid, donde, siendo la especialidad también la fabada, el resto de platos son algo mas elaborados que los del restaurante de Lugones.

Antes de nada, si quieres llegar hasta el restaurante, has de estar bien atento, ya que no hay cartel. Sólo una máquina de tren indica que ahí está el restaurante y es muy probable que te lo pases sin darte cuenta. La carta es corta, por no decir casi casi inexistente. Es una libretilla, donde en la primera página figuran las especialidades (fabada y arroz con leche) y unos pocos entrantes. El resto de hojas son de vinos. Gran variedad, siendo posible acompañar la comida incluso con Champagne. Eso sí, baratos no son.

Del grupo en el que íbamos, llamó la atención los precios de la ración de fabada. "Precios de Madrid" decían... Es cierto que 16€ por ración es un precio mas alto que el de la habitual fabada de menú del día, pero es que la fabada tampoco era la misma.

Se presenta una cazuela por cada dos personas, con ración abundante. Faba grande y muy enteras, pero a la vez muy tiernas y ligeras. No se hacían nada pesadas en la boca. El compangu, exquisito. Un par de trozos de chorizo (especialmente rico preparado como si estuviera frito), uno de morcilla, lacón y tocino por comensal que se quedaron escasos. Pedimos si nos podían traer algo mas y aquí el detalle feo del día: siendo 8 personas, nos trajeron un único trozo más de cada cosa. ¿No habría sido mejor traer un plato mas abundante aunque luego nos lo cobraran?

De postre, con lo llenos que nos habíamos quedado, optamos por compartir un par de raciones de arroz con leche, con requemado, como es el asturiano habitualmente. Al no ser con canela espolvoreada, hubo disparidad de opiniones: para los acostumbrados al requemado, exquisito; para los de la canela, algo insípido.

Finalmente, la cuenta, con un par de botellas de vino de la casa, más que decente, con cafés y chupitos, salió por unos 26 € persona. Efectivamente, caro en comparación a lo habitual en Asturias, pero bien pagados por la calidad de la comida.
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