miércoles, 16 de mayo de 2018

Tapas en Santander. El lujo de sus pinchos

Santander es de esas ciudades donde merece la pena hacer una escapada rápida. Es bonita, tranquila y muy amigable. Pero es que además, en lo que se refiere a gastronomía, es top. Top por sus restaurantes y sus múltiples Estrellas Michelín en la zona y también por sus bares y sus pinchos; así es Santander de tapas:

El ambiente es de 10, los autóctonos son muy echados a los bares y suele a haber gente en todos. El tapeo es tipo vasco pero bastante más barato. La media del pincho están entre los 2-3 euros y las bebidas son muy económicas. Con barras muy bien vestidas, también se estila mucho la anchoa y las tortillas rellenas. La zona gastro está en el centro, Puerto Chico y los alrededores de la plaza Cañadio, En Puerto Chico en la calle Peña Herbosa y en la zona de Cañadio en la propia plaza, en las calles Daoiz y Velarde, Hernán Cortes y calle de Enmedio. Aunque nosotros comenzamos nuestra ruta fuera de esa zona, en uno de los locales que se consideran imprescindibles: Casa Lita (Paseo Pereda 37). Uno de los bares más famosos de la ciudad, varios años recomendado en la Michelín y un gran sitio de tapeo. Con una barra llena de pinchos que no tiene nada que envidiar a los famosos bares de Donosti. Una barra inmensa llena hasta reventar de tapas, tantas que es difícil elegir, al final pedimos un pincho de pastel de centollo con dos Coca-Colas por 7 euros, el pincho a 2,60€

Continuamos hacía Peña Herbosa para visitar Solorzano, si eres amante del vermú anótalo también como imprescindible; un bar curioso en decoración y fabuloso como vermuteria. Disponen de 120 marcas, imposible conocerlas todas... déjate aconsejar. Si vas de tradicional el de allí se llama Solera pero también te pueden preparar uno de la casa, con Averna (un amaro siciliano que es una especie de licor de hierbas amargo). Con mucho hielo y sifón está espectacular. Como de allí íbamos al Restaurante Sorbal no pedimos nada de comer pero lo típico son las rabas y los caracolillos.

Por la noche cambiamos de lado y nos fuimos hacía Cañadio:
- Lanchoa: todos los pinchos son de anchoa, los tienes desde 1,6€ el de anchoa con aceite. También dispone de mesas a la entrada en para comer relajadamente. Una Coca-Cola con un Verdejo con pincho de anchoa y anchoas con gulas y alioli por 7,90€. En el local venden latas y botes para llevar a un precio bastante buenos. Nosotros, que somos amantes de este producto, lo meteríamos en la lista de bares que no te puedes perder.

- Casa Ajero: Otro de los clásicos, la barra no es tan espectacular pero tiene variedades muy elaboradas y una buena variedad de tortillas. Dos vinos con un bocatin de calamares que no destacaba, algo duro el pan y muy frío por 5,3€, los vinos a 1,6.

- Mesón Rampalay: Aquí te encontrarás muy buen servicio, bastantes tipos de pinchos, tortillas y raciones y medias. Nosotros nos decantamos por media de rabas, ya que aún no las habíamos catado. Estaban tiernísimas y las acompañamos con dos Verdejos. La media de rabas por 3,5 y cada vino por solo 1,35€... barato barato.

- La Casa el Indiano: se encuentra dentro del Mercado del Este. Lo visitamos un domingo noche por lo que estaba algo desangelado y frío. El servicio no destaca y es algo más caro que otros bares de la zona. Pero eso si, nos pedimos un espectacular pincho de chuletón muy muy rico. Cuesta 5 euros pero es de lujo. Con una Coke y un agua, todo por 8,10€

- El Diluvio, el último de la noche. Nos acercamos para tomar una tortilla ya que nos faltaba tomar una en nuestra ruta. Este local es especialista en pinchos de tortillas con muchas cosas y lo visitamos sobre las 22:30. Al ser domingo ya estaba la barra muy vacía. Nos tomamos una tortilla normal que estaba como su nombre con dos ruedas por 4,7€ (tortilla por 1,5€)

Salimos de allí intentando completar la ruta pero estaba todo muy vacío, ni rastro de pinchos y muchos sitios medio cerrando. Nos acercamos a la calle de Enmedio sobre las 11 y en La Cátedra, uno de los famosos, ya casi no quedaban pinchos.Tampoco en la Ramonoteca que era otro de los recomendados, así que de allí al hotel con la panza llena y contentos de nuestra escapada a una ciudad que os invitamos a visitar sin dudar.

lunes, 7 de mayo de 2018

La Cabra: la primera estrella de Javier Aranda

La Cabra fue la primera estrella que consiguió Javier Aranda, un chef formado en distintos restaurantes pero que dio el gran salto desde Piñera en 2.013 y apenas un año después obtuvo la primera Michelín. En junio de 2.016 abrió Gaytán y en 5 meses a este nuevo local también le concedieron la estrella lo que despertó ciertas sospechas.

Con su primera estrella, La Cabra, se convirtió en uno de los locales de moda y estuvo entre los restaurantes más demandados de Madrid. Ahora, sin embargo, es sencillo conseguir mesa. En la misma semana suele haber sitio para cenar el sábado. No se si es porque ha pasado su boom o si el sistema de reservas, con prepago y sin devolución de 20€ por comensal. Incluso de un día para otro nosotros conseguimos mesa, eso sí, en La Tapería, donde cuando hicimos la reserva no lo sabíamos pero no sirven menú.

Resulta que el restaurante tiene 6 espacios: Tapería, Gastronómico, Biblioteca, Salón Privado, Bodega y Coctelería. Para comer se puede reservar en el espacio gastronómico donde hay dos menús, Tradición con 7 platos y dos postres por 100€ o Gran Menú que se pone en 125€ y son 9 platos. Nosotros estuvimos en La Taperia. Es una zona bajando las escaleras, acogedora pero algo oscura y donde hacía algo de frío. Preguntamos por el tema del menú, y el servicio que fue de lo más eficiente, fue a consultarlo. Lamentablemente nos dijeron que estaban muy llenos y que no podían ofrecérnoslo así que tuvimos que ir a carta:
-  Ssäm Andaluz de Gamba de Cristal 12€: lechuga asada con camarones... bueno, la lechuga es lechuga, ya la puedes freir, asar o empanar que no va a mejorar demasiado. El interior, los camarones con la salsa, estaban bien pero el resto no aportaba nada al mundo de la gastronomía.

- Cangrejo Real Noruego al Carbón, Loto Crujiente y XO 27€. El cangrejo real es un crustáceo de buen sabor, parecido al centollo, pero de tamaño inmenso. Puede llegar a medir hasta 1,80 metros de punta a punta. El sabor es parecido al de la langosta y con la salsa el plato estaba muy bien. En la carta especifican que lo preparan en Josper que es un horno que cocina a la brasa. Lo indicaban para este y varios platos lo que daba la sensación de cierta publicidad innecesaria.

- Anguila Lacada, Sésamo y Hoisin de Frambuesa 18€. Un platazo, muy visual de presentación y muy exótico de sabor. El mejor plato y más original de toda la cena.

- Presa Ibérica, Mole Afrutado y Esfera de Pasión 21€. El acompañamiento es totalmente prescindible y, como suele ser habitual en estos locales una carne de lujo con un punto excelente. No defrauda.

- Postre: Chocolate y frambuesa (9€). Un buen postre de chocolate con frambuesas en varias texturas: natural, helado y tipo esferificación.

Cenamos con una botella de Millesimé de Juve&Camps (29€) con un café y agua, más el servicio y una copa de champange que pedimos al llegar (a once eurazos la copa) llevó la cuenta hasta los 149€. ¿Es un sitio que merece la pena? pues no mucho. Está bien si quieres probar la cocina de Javier pero, al menos de carta, no ofrece nada nuevo ni sorprende. Es buena cocina, todo está muy rico pero es de los típicos Michelín que no aportan nada nuevo y que parecen más de lo de siempre.





miércoles, 2 de mayo de 2018

Llagar Cabañón, una genuina sidrería astur

En Naves, muy cerca de Llanes, se encuentra el Llagar Sidrería Cabañón. Un lagar donde venden la que, ellos dicen, es una de las mejores sidras del Oriente Asturiano (te la puedes llevar al por menor) y una de las sidrerías más genuinas de todo Asturias. Situada en un caserón, nada más entrar te sorprenderá su patio y la decoración, típica astur, con barriles, prensas y un patio cubierto para esos escasos días que llueve por allí 😂. Además del salón del patio hay un pequeño comedor a la izquierda y otro, más grande, a la derecha. Este es el más bonito, rodeado de grandes barriles y presidido por una plancha donde Jacinto Vela, dueño y cocinero, maneja la parrilla y saca y muestra chuletones a los clientes.


Si el sitio es como un museo astur la carta es una representación de los platos más conocidos de la gastronomía asturiana. No faltan platos como la fabada, el pitu caleya (pollos autóctonos criados en libertad y sin piensos), el chorizo a la sidra o el cachopo. De pescados, las rabas, los chipirones o los fritos de pixin (rape) y de parrilla el chorizo criollo y las costillas. Además de las carnes donde la estrella es el chuletón de buey.

Como íbamos unos cuantos, cinco adultos y dos niños, pudimos pedir varias platos:
- Borono: una especie de morcilla con los mismos ingredientes (sangre, cebolla y especias) pero que en vez de embutirse se amasa con harinas y se pone un poco de manteca. No es fácil de encontrar pero es típico de algunas zonas de Asturias, Palencia y León y se come en rodajas muy fritas. Si te gusta la morcilla este plato te encantará ya que es mucho más suave y crujiente.

- Chorizo a la sidra: para abrir boca, un clásico que nunca falla
- Chorizo criollo: un chorizo originario de américa y que surgió como una evolución del chorizo español que no se curaba y que se preparaba a la parrilla. A nosotros nos encanta y este estaba francamente bueno, venía con patatas fritas muy ricas.

- Costillas: uno de los mejores costillares que me he comido en mi vida. De piezas grandes y con mucha carne y bien de grasa.

- Chipirones en su tinta. Servidos con arroz, no estaban nada malos. Pero, claro, no son calamares que son los reyes de este plato. Con chipirones no es tan resultón.

- Cachopo: el plato asturiano más conocido después de la fabada. Este venía con una carne bastante decente, un queso suave y un empanado perfecto. El tamaño, generoso, no se si los puristas dirán que no es para tanto.... unos 30 por 30 centímetros.

El único fallo fueron los postres, todos muy normalitos. Un arroz con leche muy insulso o una tarta de nuez, de estilo flan, que no estaba mal. El helado, de Revuelta, un fabricante con mucha fama en el concejo pero que en realidad no es para tanto. Quizá lo más bueno fue la tarta de queso, que también era tipo flan pero tenía muy buen sabor y los cafés.



A destacar la sidra, con un buen toque de acidez y bastante fría. El servicio es típico asturiano, amable y cordial, incluso nos indicaron de quitar un plato, una ensalada que pedimos, diciendo que íbamos bien servidos y que el cachopo ya traía un poco de ensalada. Con sus momentos de despiste, sobretodo sirviendo la sidra, fue bastante correcto.

La comanda, para los 7, con tres botellas de sidra, dos de agua, un vino tinto y tres café fue un poco más de 100€. Un buen sitio para ir a degustar cocina asturiana, en un ambiente precioso y a un buen precio.
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