jueves, 25 de febrero de 2016

Viridiana: la cocina de Abraham García

Le teníamos ganas a Viridiana y a la comida de Abraham García. Nos apetecía mucho probar su cocina y ver que ofrecía este famoso chef. Famoso por su indumentaria, su sombrero y su forma de ser. Él se define como pasado de moda, tuvo una estrella michelín y la perdió y es muy peculiar en su manera de expresarse y de presentar los platos.

El local tiene dos plantas, pequeñas y acogedoras. Los platos están colocados con un complemento para parecer sombreros. Nada más sentarte te dan la carta y te quedas un buen rato con sensación de abandono. El tiempo que esperas no es por dejadez de los camareros sino porque es el propio Abraham el que viene a cantar los platos de fuera de carta. Lo hace con una explicación exhaustiva, larga, recreándose e ilustrándote. Te dice lo que es una becada, cómo las cazan, cuantos bocados salen de cada y cada plato lo juzga: es un platazo, un poco caro, no está mal.

La carta es también muy curiosa. Está escrita con mucho arte, con frases de Machado o comentarios en algunos plato. Por ejemplo en el Risotto dice que la receta original es de un libro de la Sección Femenina y el tiempo de cocción 3 credos, 2 ave marías y 1 padrenuestros porque la olla expres y los agnósticos aún no eran comunes. El resto muy variado, entrantes desde alubias a lengua de cerdo, merluza, carabineros, pichón, ciervo o entrecot. Todo comida clásica con mezclas como cuscús, cuitlacoche y casquería. También sus famosos huevos con salsa de boletus y trufa. Fuera de carta: cocina de mercado, pura y dura, caracoles, becada o tripas de cordero.

Tras elegir llegaron unas tapas de cortesía y un fallo: llevábamos 45 minutos allí y aún no teníamos bebida en la mesa. Con la bebida fallaron un poco ya que era una botella de cava (Torelló Gran Reserva) del que se olvidaban de servirnos constantemente. En la bebida es donde más fallo el servicio, correcto a pesar de esto, no solo por dejarnos sin bebida en varios platos, sino porque luego nos cobraron otro cava más caro y un detalle cutre, había una cubitera con una botella de agua que compartíamos tres mesas pero que luego te cobraban a 5 euros.

Primera tapa, un pequeño plato de potaje

La segunda tapa de cortesía era un calabacín relleno de morcilla. Una verdadera exquisitez.

Aunque solo llevábamos dos tapas, el hambre ya había iba bajando de lo contundentes que era. Llegaron los entrantes. Arenques del Báltico marinados sobre aguacate y mango, salsa de yogurt y eneldo acompañado con una copa de vodka. El plato no triunfó mucho porque aunque la mezcla pegaba, el arenque era muy fuerte.

Caracoles a la llauna. Unos peculiares caracoles que no habíamos visto nunca. Grandes, de textura dura y con una salsa que le daba un punto sabroso.

Blanco y Negro de calamares del Delta del Ebro a la plancha con arroz thai, salsa de coco y sus tintas. El calamar estaba algo duro y el arroz tenía un punto crujiente pero que se pegaba a los dientes por lo que tampoco gustó demasiado.

Tripas de cordero en láminas con pisto cocido 7 horas y garbanzos con un saludo de pimentón. Así para rematar y para cenar. El plato, además, venía con un huevo frito. Estaba muy bueno pero a estas alturas de la cena el hambre escaseaba. El pisto estaba muy salado pero el resto era perfecto aunque la mezcla daba como resultado un plato muy potente.

Terminamos tan llenos que no tomamos postres, los petit four que eran un pincho de piña y unas trufas, un simple café y a la cama a digerir una cena tan intensa. La cuenta salió por 150 euros, los platos rondan los 25-30 euros y con el cubierto a 5 euros hacen que el ticket medio sea de unos 75 euros.

Salimos con una sensación agridulce, creemos que fallamos con las elecciones pero pensamos que en un panorama donde las modas mandan una cocina tan diferente y tan personal debe tenerse en cuenta. Ya no tiene estrella, dice que no la quiere y no hace nada por recuperarla. Es él mismo, sin menús degustación ni postureo y cocinando lo que se encuenta en el mercado. Y realmente creo que la Michelín debería dejarse de modas y dar estrellas a chef de este estilo.

lunes, 22 de febrero de 2016

Alcalá de Henares: de tapas en la ciudad Complutense

Esta fue una escapada corta, de esas de "no tenemos nada que hacer ¿por qué no nos vamos de tapas a Alcalá?". Era un buen plan, la ciudad está cerca, tiene cosas que visitar, y yo recordaba, de mis tiempos de universitario, que allí se montó el primer Índalo. Esos bares, tipo almerienses, que no se si son cadena, franquicias o que todos se copian el nombre y donde, por una consumición algo más cara de lo normal, te dan un tapa enorme a elegir.

La escapada merece la pena ya que es Ciudad Patrimonio Mundial por su recinto histórico y el rectorado de la Universidad, la famosa Universidad Complutense (el nombre romano de Alcalá era Complutun) creada aquí hace más de 500 años y posteriormente trasladada a Madrid.

Para el tapeo la zona es el centro. No tiene una calle con muchos bares pegados aunque si todo concentrado por el área de las calles Libreros y Mayor, desde la fuente de los cuatro caños hasta los Santos Niños y las calles adyacentes como Bedel y Cerrajeros. En una de estas calles, en Bedel, empezamos nuestra ruta ya que había tres barecitos pegados con mucho ambiente, entramos a uno recomentado: El Hidalgo. Fue de los aciertos del día, era el que más gente tenía. Un lugar de tapas, principalmente de embutido, que eligen ellos y que suelen ser grandecitas. En nuestro caso una rosca de jamón y queso, unos torreznos, chorizo y un plato de patatas fritas. Un lugar muy genuino donde la bebida de moda es el vermú que con una Coca-Cola y un mosto salió por 7,5€.

De ahí nos desplazamos al Quinto Tapón. La primera de nuestras decepciones y donde pudimos ver un defecto que empieza a tener la ciudad y es que existen muchos bares sin esencia, sin autenticidad. Quizá por la influencia del Indalo pero el caso es que hay varios cortados por el mismo patrón: franquicias o tipo franquicias montadas por cerveceras, donde te ponen enormes tapas que eliges en una carta pero que son todas de pésima calidad, precocinadas, no permiten modificar ingredientes y muy parecidas de local en local. Hamburguesas, perritos, sándwiches, croquetas o alitas han desplazado la autenticidad de los bares con tapas cocinadas con cariño. El Quinto Tapón era de esos, un local grande, tipo tapa low-cost y poco más. Dos cervezas con unas alitas y un sándwich vegetal por 5,8€

Seguimos calle abajo hasta el Indalo, Estaba petado y lo dejamos atrás para seguir hacía mayor y, la primera a la derecha, entrar en la Taberna de Rusty. Aquí el tema estaba mejor. La tapa es de pago, la eliges tú y la variedad y su preparación denotan más calidad. Hay tapas de 1,2€ a 2,75 el huevo con trufa. Pedimos un par de ruedas una tapa de anchoas y unas patatas Rusty (mahonesa con salsa brava) por 6€.

Siguiente parada en calle Cerrajeros, había también bastante ambiente y entramos en Barataria, el más vacío de todos, quizá por la hora, pero otro de los mejores del día (gracias por la recomendación Anita ;). Nos gustó porque también era auténtico, no tenían tapas todo eran raciones y tostas. Con una parrilla de donde salía un olor a carne espectacular. Pedimos una tosta de atún de almadraba con mostaza y miel y un par de ruedas, 10€

Continuamos la ruta por la calle Mayor, entramos en el Café del Lago, más que nada porque estaba lleno de paisanos y nos parecía que merecería la pena. Luego, ni fú ni fá. Normalucho y prescindible. Nos pusieron de tapa un plato de lomo con dos Coca-Colas. 4,5€

Maimónides, de él si habíamos oído hablar y era de los famosos pero otra vez más de lo mismo. Local grande, tapa inmensa precocinada y poca esencia. Nos tomamos rápidamente un par de blancos y de tapa una rosca vegetal y un sándwich mixto, pagamos 6,5€ y huimos de allí.

Y terminamos la ruta en el Nino, el bar más antiguo de la ciudad y uno de los más famosos. Otro local auténtico y con verdadera carta de raciones, medias y tapas de verdad. Está especializado en champiñones y tiene fama también su oreja y sus calamares. Pedimos media de estos, que tardó un siglo en llegar, y con dos blancos la cuenta fue de 9,5€. El local es algo incómodo por lo estrecho y mientras esperábamos una cucaracha se paseaba por la barra pero, aún así, creo que es uno de los imprescindibles si tapeas por Alcalá.

La visita nos dejó con un poco de sin sabor. Se juntan grandes locales con la moda de los falsos low-cost de tapa incluida pero mala y que te medio cobran con la consumición. Lo preocupante del tema es que estos eran los más llenos y la gente hacía cola para sentarse en ellos algo que ya habíamos visto, por ejemplo, en Ciudad Real. No es malo que haya muchos locales de este tipo, tiene que haber de todo y para todos, lo malo es que estos sitios acaban con los locales tradicionales, con el pequeño bar de toda la vida especializado y que no pueden competir con unas croquetas con cerveza por 3,25€... aunque las croquetas sean de cemento armado.

Aún así volveremos y completaremos esta guía ya que la Ciudad bien lo merece!

domingo, 14 de febrero de 2016

La Kika Taberna ¿gastroqueeee?

Se define como gastrotaberna pero de gastro tiene lo que yo de dragqueen. La Kika Taberna está en pleno Chueca y solo por eso queríamos hacer la entrada. No por el restaurante en si, que fue un espanto. Sino por la ubicación, por Chueca, una zona de Madrid que siempre ha sido famosa por ser la zona gay por excelencia y un barrio con mucha marcha pero que ahora, cada vez más, también es un barrio para salir de cañas o a cenar, a tomar copas tranquilas o a comer bien. Cualquier noche con buen tiempo pasear por sus calles recuerda a otras zonas cosmopolitas como El Borne barcelonés o, salvando las distancias, el Soho londinense. Cada vez hay más locales, es imposible reservar en muchas de sus tabernas sino lo haces con días de antelación. Hasta Chicote tiene su Yakitoro en la frontera de este barrio con la Gran Vía (Calle Reina)

Y eso es lo que nos pasó, íbamos al teatro, intentamos reservar en los más conocidos y no había sitio en ninguno... llegamos a este... era el más vacío de la zona (ahora sabemos porqué) y como tenía pinta de modernillo decidimos entrar a probarlo.

El servicio fue muy correcto y la chica que nos atendió fue muy amable, educada y profesional en todo momento. Tenía un control muy bueno de los ritmos y de los platos en las mesas. Pero falló la cocina... no fue para nada decente; empezó mal el tema cuando se les oía discutir desde nuestra mesa, escuchábamos quejas mientras intentábamos tragar alguna de las cosas que nos habían servido. Nos sentíamos como Chicote en Pesadilla en la Cocina.

Pedimos como tapita un par de piruletas de pollo que no estaban del todo mal aunque algo insípidas

También unas milhojas de salmón con gulas. Quizá era porque esperábamos algo más original pero nos decepcionó, lo que nos sirvieron fue salmón ahumado con gulas y otro trozo de salmón ahumado encima. Acompañado de ensalada, eso sí, con vinagre de módena y plato cuadrado. Algo que nunca puede faltar en un sitio "moderno"

El siguiente plato fue una sepia y aquí empezó el desastre. Dura era poco. Tenías que tener mandíbula de acero para poder morderla. Servida también con su plato cuadrado y su ensalada con aceite de Módena. No se salvaba ni la salsa.

El último plato fue un Revuelto de bacalao dorado (á Brás). Tampoco lo pudimos comer de lo salado y seco que estaba. Lo salado, en un bacalao, se perdona. El problema era lo seco seco que estaba, denotando mala cocina ya que podían haber hecho menos el huevo para dejar el conjunto más meloso.

He de decir que nosotros nunca devolvemos un plato a la cocina. Lo probamos, decimos si nos gusta o no y ya está pero, llegados a este punto, la camarera debió ver que no comíamos y nos pregunto si iba algo mal. Le dijimos que la sepia estaba dura y que el revuelto seco y se ofreció a retirarlo y no cobrárnoslo. La primera vez que nos pasaba algo así.

Al final, como teníamos prisa le dijimos que si, que lo retirara, que no nos lo cambiaran por otra cosa y, sin pedir postre, pagamos y nos fuimos. La cuenta sin el revuelto, tres vinos, una Coca-cola y un agua rondó los 40 euros.

Viendo la competencia que tienen cerca, por mucho que sea Chueca y que siempre haya gente, creo que o cambian su comida o poco durarán. Al poco descubrimos que en Groupon ofrecen cupones descuento para comer en este sitio lo que indica que no triunfan demasiado.

martes, 2 de febrero de 2016

Cocido Madrileño XIV: Eneri Taberna madrileña

NOTA: nuestros espías nos comentan que este local está cerrado. Lástima.. era un gran local con estupendo servicio y una carta original.

Y aunque este invierno no está siendo muy invernal nosotros seguimos con nuestra búsqueda de "el mejor cocido de Madrid". En esta ocasión nos acercamos a un local joven, abierto hace apenas un año y que se lo juega todo a una carta: la gastronomía madrileña. En un escenario donde la fusión es lo in y la cocina tradicional parece que está pasada de moda, la carta es, sin complejos, cocina como la que haría tu abuela. Además de cocido, puedes comer rabo de toro, entrecot de la sierra, espárragos de Aranjuez, etc. o tapear en barra unos callos, caracoles o una ropa vieja. Todo con productos de cercanía. Es tan madrileña que el vino es solo de Madrid.

Como íbamos a por el cocido no probamos nada más. Nos sentamos, pedimos de vino un Grego Roble que, para nuestro gusto, es de los mejores vinos de la capital y a esperar el cocido con un aperitivo de humus que te servían. Y el cocido llegó, presentado en tres vuelcos:

- Llegó la sopa, en un perol que te dejaban encima de la mesa para repetir tantas veces como quisieras. El sabor era intenso aunque algo pasado de sal. El fideo estaba duro, algo que a algunos comensales gustó y a otros no. Como acompañamiento unas piparras.

- El segundo vuelco venía en bandeja de metal a juego con la sopera. Al principio pensamos que sería poco pero la bandeja engañaba y sobró. Incluía zanahoria, repollo, patatas y los garbanzos, del tipo pequeño, pedrosillano y con una cocción perfecta. Su punto fue de lo mejor del cocido.

- El tercer vuelco llegó a la vez del segundo con los ingredientes típicos morcillo, pollo, tocino, tuétano, chorizo y jamón... o más bien hueso de jamón ya que apenas había carne. Excepto el jamón, todo estaba esplendido. A mi gustó destacaba el tuétano y el tocino para el resto de comensales el chorizo.

Para los postres cinco opciones a elegir, todas a 5€, también con su toque madrileño: hojaldres de la Pastelería del Pozo, Torrijas, etc. Nosotros nos decantamos por la torrija, que venía acompañada de helado de vino, un sorbete de manzana y una tarta de madroño que era una especie de tarta de queso.

Servicio muy agradable, aunque a veces algo despistado, es efectivo y atento.

El precio del cocido fue de 19,90€ por comensal, en la franja media. Nos acompañaba un niño de 4 años al que le sirvieron cocido sin problema y sin tener que pagar un plus (en nuestra anterior experiencia en La Cruzada le cobraron 14,5€ de medio cocido). Con los tres postres, el vino (14€), un agua y un café salió por 116 euros. Un buen precio para probar un buen cocido, en un local muy nuevo y cuidado fuera de los locales típicos y famosos. Además de estar en una ubicación perfecta, en pleno centro, en Tudescos, pegadito a la Gran Vía.
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