lunes, 24 de febrero de 2014

Cocidito madrileño VIII: Casa Jacinto

Teníamos ganas de repetir en este local. Un lugar clásico, de comida española tradicional donde carnes, rabo de toro y callos comparten carta con el objetivo de nuestra visita: el Cocido, que sirven solo los sábado y domigos. Ya lo habíamos probado hace muchos años, antes de tener blog, y teníamos muy buen recuerdo de él y del trato que nos dispensaron.

El local es pequeño y muy acogedor. Con encanto. Tuvimos suerte y nos dieron una mesa que hay en un pequeño reservado donde estábamos estupendamente los 4 adultos, 2 niños y un bebé en carrito. Como en casa.

Empezamos con la sopa. La otra vez nos la sirvieron acompañada de cebolleta y piparras pero esta vez llegó sola. No parecía la típica sopa de cocido, demasiado suave, le faltaba potencia y grasa. Estaba rica, eso si, quizá por el aderezo de comino que llevaba. Nos ofrecieron repetir pero todos los rechazamos para dejar hueco a lo importante.

En el siguiente vuelco vinieron las verdura y los garbanzos. La fuente de verdura venía con zanahoria, patata, bola de pan y el repollo, preparado con un poco de pimentón no estaban mal. Los garbanzos venían en fuente a parte; pequeños, pedrosillanos, estaban algo flojos. Buenos pero les faltaba algo de sabor (tal vez por eso el aderezo de comino en la sopa). Los 4 adultos no pudimos terminárnoslos. Aquí sí que nos ofrecieron las piparras, pero aunque dijimos que sí, nunca llegaron...

Las carnes consistían en gallina, tuétano, tocino (que recibió muy buenas críticas por parte de nuestros visitantes catalanes), morcilla de arroz, chorizo y carne un poco seca pero muy sabrosa

La comida la acompañamos de un Ribera del Duero del 2.005: Aster. Muy contundente y que pegaba estupendo con el cocido (19 euros la botella). Al final, con unos vinos de aperitivo, un escalope para los niños, postre para tres y cafés y varios pacharanes y licores, nos salió la comida por 150 euros.

El cocido, sin ser de los mejores de nuestra ruta, es más que apañado. El entorno y el precio, 14 euros, lo hacen muy recomendable para una comida tranquila.

Cocidito Madrileño VII: La Taberna de Chana
Cocidito Madrileño VI: Taberna Oliveros
Cocidito Madrileño V: Lhardy
Cocidito Madrileño IV: Casa Domingo Nieva
Cocidito Madrileño III: Gambrinus Arganzuela
Cocidito Madrileño II: Taberna de la Bola

domingo, 9 de febrero de 2014

Tapeando por el Barrio de las Letras - Madrid

El sábado pasado, aprovechando que la lluvia nos daba un respiro, quisimos pasear por el Barrio de las Letras de Madrid, para conocer algunas de las actividades que nos ofrece el Mercado de las Ranas y aprovechar para tapear por la zona.

El destino final lo teníamos claro, queríamos acabar en la Taberna del Chato (C/ de la Cruz nº 35) porque ya habíamos ido en un par de ocasiones en las que salimos encantados, pero por unas razones o por otras, nunca habíamos dedicado el espacio que creemos que se merece el local en nuestro blog. Pero antes, queríamos aprovechar la ocasión para tomar algo más por la zona.

Nos acercamos a la Plaza de Santa Ana al Restaurante Lateral. Habíamos leído que Enrique Díaz, cocinero de esta cadena había ganado el Concurso de Tapas de Diseño de Madrid Fusión 2014 con su tapa "Ravioli de Pato con escabeche de miel y soja" y quisimos intentar probarla. Tiene una entrada amplia pero con barra corta en la que tuvimos suerte y encontramos un buen hueco. Elegimos un par de tapas: "Niguiri de Solomillo con aceite de trufa" (demasiado frío, probablemente recién salido de la nevera) y "Migas con huevo y miel", exquisitos. Son raciones pequeñas, para un tapeo (por cierto, no ponen ningún tipo de aperitivo) y no precisamente baratas, pero al ser originales, se pagan a gusto. Estas dos tapas con un par de refrescos y un vino, 13,80 €. Nos quedamos con las ganas del Ravioli porque por lo visto solo lo sirven en el local de Arturo Soria.

Pasamos de la modernidad a, posiblemente, lo más clásico de la zona: La casa del Abuelo (el de la Calle Núñez de Arce). Tradición a tope en la carta y escenario... pero han "modernizado" sus precios, probablemente en exceso (unas bravas, 7,80 €). Merece la pena enormemente, eso sí, probar sus langostinos en gabardina. Tienen un rebozo que no es comparable a ningún otro que hayáis podido probar. Fuera de carta tienen anunciado el Cocido Madrileño. ¿Alguien sabe si merece la pena o lo tienen de reclamo para los turistas? Puede que tengamos acercarnos otro día a probarlo...

Y por último, llegamos a nuestro destino. Rondaban las 3 de la tarde y el local estaba lleno excepto un hueco que parecía reservado para nosotros. La Taberna del Chato se hace llamar así porque la presentación de buena parte de los pinchos de su carta se hacen en un vaso de chato. A priori puede sonar raro, pero los combinan y presentan con mucho gusto, sin que desentone la presentación en vaso. Elegimos un chato para cada uno, que acabamos compartiendo porque todos queríamos probar todo:
- Chato de salmorejo: No me explico cómo pueden hacer un salmorejo tan riquísimo en el mes de febrero...
- Chato de paté de perdiz: "Exquisitísimo"

- Chato de steak tartare: Personalmente el steak tartare no es un plato que me guste demasiado. Aún así, el corte de la carne era muy bueno y su aderezo rico rico.

- Chato de tartar de bonito con algas: Nuestro favorito con diferencia. Ya lo habíamos probado en una de las dos ocasiones que lo habíamos visitado y nos había dejado encantados... No dejéis de probarlo si vais!

Tomamos también una ración de "Dedos de pollo" que pedimos pensando en los niños pero resultó el peor plato. Estaba demasiado hecho y el pollo se había quedado muy seco. Y como aún teníamos hambre y ganas de seguir probando cosas, pedimos una Mini Hamburguesa para cada uno... Carne muy buena, jugosa y hecha en su punto. Nos encantaron. Y aunque estábamos de pie, quisimos "rematar" la comida y nos tomamos un par de brownies con helado (no quedaba  Mousse de chocolate... Ohhhhh...) y un par de chupitos, y unos Gin-Tonics... Vamos, que hicimos una auténtica comida. A pesar de que la cocina cierra a las 4, salimos de allí casi a las 6, con un trato espectacular (ya nos había llamado la atención las veces anteriores la amabilidad del personal) tanto con nosotros como con nuestros "mini-acompañantes", y muy contentos por lo bien que habíamos comido. Al final, acompañando la comida con cava, con las raciones, postres, chupitos y copas, salimos por 18 € personas. Estupenda relación calidad-precio más considerando la zona.
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