sábado, 5 de enero de 2013

De nuevo en el Dómine Cabra: ahora DC

Nota: El Dómine Cabra, inicialmente y tras el paso de Chicote, no cerró, fue renombrado a DC. Mantuvieron la decoración de Pesadilla en la cocina pero no la carta. El lavado de cara tampoco funcionó y a finales de 2.013 cerró definitivamente. Este post cuenta como era durante esta segunda etapa.

El Dómine Cabra ha sido de los pocos sitios al que le hemos hecho una mala crítica en este blog. Por eso no nos chocó cuando lo vimos en el programa de Chicote de La Sexta "Pesadilla en la cocina" pero si despertó las ganas de volver a ver como estaba ahora. Y de eso va esta entrada, de nuestra segunda visita (si quieres ver como fue la primera "antes de Chicote" pincha aquí) al Dómine Cabra, ahora rebautizado en DC.

Y es que lo primero que hay que decir es que el restaurante ha cambiado de nombre, lo han acortado a DC. Lo segundo, aunque esto es evidente, es que sigue abierto. Habiamos recibido muchos comentarios de que los dueños se habían deshecho del negocio y el restaurante había cerrado pero en realidad sigue abierto con el cambio de nombre ya mencionado; además los dueños ya no se dedican al servicio sino que han contratado camareros.

Otros cambios post-pesadilla están en la cocina. Ahora tienen un cocinero argentino que prepara una carta que no es ni la antigua ni la que preparó Chicote. Una carta que, antes de ir, ya nos comentó Alba, una de los dueños, que tenía unos 100 platos algo que nosotros consideramos excesivo. Aunque el truco es que muchos de los platos son los mismos pero cambiando la salsa, una carta tan amplia es difícil de mantener, más cara para el empresario y menos cómoda para el cliente. En la nueva carta del DC priman las carnes, algunas de corte argentino (entraña, matambre, bife, etc.), complementada con algún pescado, ensaladas, entrantes (huevo, croquetas, pulpo...) y cazuelas (platos de cuchara). A nuestro parecer es algo caótica y desordenada.

Y ahora las impresiones: para ser más imparciales fuimos a comer con algunas de las personas que nos acompañaron en nuestra primera visita. A alguno hubo que convencerle (¿verdad Javier? ;). Por fuera el local está igual, solo el cambio de las letras del nombre y que ahora tiene carteles promocionales que recomendaban probar el "matambre"... luego curiosamente no tenían por lo que se podían haber ahorrado sacar el cartel ese día. Otra cosa que nos sorprendió es que anunciase que no cogían tarjetas, espero que sea temporal porque en pleno siglo XXI un restaurante no puede permitirse el lujo de no admitirlas.

Al entrar, lo primero que te ofrecen tras cruzar la puerta es un copa de cava rosado mientras te sientan en el salón con la decoración modernizada que puso La Sexta y que hace ganar bastante al lugar en comparación con la antigua. El servicio consta de 5 camareros, quizá muchos para un salón tan pequeño, vestidos a la italiana (con chaleco y gorro de chef italiano), son atentos, preocupados por el cliente pero algo inexpertos.

La comida, que es de lo que se trata, ha mejorado, tiene algunos platos buenos aunque a nuestro gusto no merece mucho la pena ya que otros no destacan ni ofrecen nada nuevo. Nosotros probamos:
- Croquetas de puerros. Un plato que si salvamos, por diferente y porque estaba muy bueno.
- Ensalada Mia, también nos gustó mucho. Llevaba una salsa de mostaza muy rica.
- Pulpo provenzal. Una preparación de pulpo en salsa, curiosa y que no estaba mala del todo pero el pulpo estaba algo duro
- Mollejas de vaca. Venían algo quemadas y con mucha salsa que la carta no daba a entender que tuviera
- Secreto de cerdo ibérico al verideo. No se si era un error de carta y querían decir al verdeo ya que la salsa venía con cebolla. El plato estaba soso, muy soso y la carne dura.
- Entraña, esta vez si que estaba rica y no para tirar como la vez anterior.
- Salmón con salsa criolla. Un salmón normalito, a la plancha, como el que te puedes preparar tú mismo en casa.
- Churrasquito de pollo con una guarnición de patatas sosísimas.
- Suprema de pollo a la cerveza. Es el mismo plato de antes pero echándole salsa y cambiando la guarnición

Acompañamos la comida con vino. En la carta solo aparece Vino Blanco, Vino Tinto y Vino Rosa, sin más. Al pedir la carta de vinos nos dijeron que no tenían y nos señalaron un estante diciendo nuestos vinos son esos: Viña Eguia, reserva o crianza, no había más. Decidimos pedirlo ya que es un Rioja medio que no está mal y su precio era de solo 11€ la botella de crianza.

El precio final para 6 comensales con café y sin postre fue de 86 euros. No es un lugar caro pero si la primera vez caímos fue por desconocimiento y la segunda picamos por curiosidad. No creo que volvamos.

1 comentario:

  1. Es difícil que un pollo a la brasa esté malo.. bueno, pues no lo pude comer!
    Fué mi elección para apostar por algo seguro y también me equivoqué.

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