miércoles, 18 de julio de 2012

La capilla de la Bolsa. Lujo económico

La Capilla de la bolsa es un restaurante lujoso con precios que no son para nada desorbitados, quizá podría entrar en un blog del tipo Chic and Cheap. El sitio es de lo más bonito que te puedes encontrar en Madrid, realmente elegante y como tal allí nos fuimos para celebrear "los 30" de nuestra amiga Rebe. El edificio en el que se encuentra el restaurante fue en la Edad Media la Ermita de Santa Cruz (cuenta la leyenda que era una iglesia templaria). Años después aquí estuvo la primera Bolsa de Madrid. La arquitectura del lugar se ha mantenido, dejando la bóveda de la capilla y las columnas originales.

Antiguamente el restaurante se llamaba Santa Cruz y, a mi gusto, era de los mejores de Madrid. Hace unos años cambió, la comida perdió algún punto de calidad, aunque también se produjo una bajada de precios. Actualmente la iluminación se ha modernizado, quizá abusando del uso de neones pero eso si, mantiene la comodidad y amplitud de las mesas, la elegancia y tranquilidad general, un excelente servicio y algo que siempre le ha dado encanto: música en directo. En la parte elevada del salón principal un pianista toca música clásica, a veces turnándose con un violocentista.

Dentro de las modernidades se ha incluido el concepto menú, que fue por el que nos decantamos:
- Melón con lomo de ibérico confitado a baja temperatura, caviar de arenque, emulsión de comino y azafrán y picada de aceitunas negras
- Verduritas fritas: alcachofas y habitas con praliné de romesco
- La vieira con mini ensalada de trigueros, jamón y vinagreta de frutos secos
- Arroz cremoso con almejas
- Atún con salsa de pimiento verde y crema de huevo frito
- Taco de añojo al Grand Marnier con confitura de naranja zajarí y falso arroz de patata
- Pasión por el chocolate: chocolate blanco y negro (Opal y Ecuador) con galleta de almendra

El menú tenía altibajos, algunos platos estaban bien pero otros, como la carne, eran para directamente tirarlos a la basura. De todas formas, al ser un menú amplio se compensaba y ningún comensal se quedó con hambre. Con los cafés nos sirvieron un licor con tejas y nueces fritas.

También tiene una variada carta de vinos internacionales lo que también se agradece, siempre es bueno salir de los tipicos Rioja, Riberas y otras denominaciones españolas. Queríamos ir a blancos y la carta nos ofrecía vinos italianos, australianos, neozelandeses, etc. todos por menos de 40€; nos decantamos por un Pinot Argentino de 22€.

Al final, el vino y los menús, para 4, salieron por 220€. Como véis un gran precio para un restaurante como el que es. Si váis, pedid que os sienten en el salón principal. No esperéis una comida maravillosa (sí más que aceptable) pero disfrutad del entorno, de la comodidad de las mesas, de la música y del trato.

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