sábado, 11 de diciembre de 2010

Visitamos Cuenca

Regresando de levante, nos reservamos un día para visitar Cuenca, su Ciudad Encantada, sus casas colgadas y cómo no, degustar sus tapas.

Era el día de la Constitución y, pese al mal tiempo, "a casi nadie" se le había ocurrido ir a ver la Ciudad Encantada. Se nos había echado la hora de la comida encima, así que optamos por comer en el camino de regreso. Tampoco se le había ocurrido a casi nadie.

Entramos en Villalba de la Sierra, el único pueblo que se ve de camino entre el origen (Ciudad Encantada) y nuestro destino (Cuenca). Tras descartar dos bares (en el primero no pudimos ni aparcar y en el segundo ni entrar), fuimos al restaurante Nelia. Pese estar recomendado en la guía Michelín, no era lo que buscábamos. Sitio muy amplio (probablemente lugar de celebración de las bodas de los alrededores), chic, con manteles de hilo blanco y copas altas... y menú caro. 16,20 €/persona y platos típicos en la carta con un toque sofisticado (copa de ajoarriero con albaricoque). Definitivamente, no era lo que queríamos.

Seguimos nuestra ruta por Cuenca y llegó la esperada hora del tapeo. Comenzamos en la zona de la Plaza Mayor (¿por qué lo llaman Plaza si no es una plaza?). Primera parada Los Arcos. De entrada nos pusieron una tapa de jamón york con queso. Nos debieron de ver mala cara y al preguntarnos si no éramos de allí, nos lo cambiaron por una tapa de morteruelo. Rico rico. A continuación cruzamos a La Mangana. Ambiente "clásico", del de toda la vida y nos deleitaron con un vino de rueda. A esas alturas, no éramos conscientes de lo que nos esperaba y no lo valoramos oportunamente.

Desde ahí, bajamos a la que habíamos leido que era la calle de vinos por excelencia con ambiente joven y sitios de moda: La Calle San Francisco. Cual sería nuestra sorpresa cuando, al llegar comprobamos que solo estaba compuesta por 8 bares y encima uno de ellos era una franquicia (Taberna de los 100 montaditos).

Entramos primero en el que habíamos leído varias recomendaciones: La Ponderosa. Tiene mucha fama, pero a nuestro parecer, está venido a menos. De hecho, estuvo recomendado por la guía Michelin, pero ya no está incluido. Mal servicio, mala tapa (aceitunas) y vino muy regular de la tierra a 1,50€/ud. La carta de raciones no estaba mal, pero a las 9 de la noche no les quedaban algunas, como el ajoarriero. Como curiosidad, en toda la calle, este local es de los pocos que incluye este plato en su carta... y no les quedaba :(

Seguimos por el Mesón José. Mejor ambiente y mejor servicio que en el anterior. La afluencia de público lo constataba aunque de precio también era algo mas caro, con el hándicap de que de vino blanco solo tenían "de la tierra" o Diamante... ufff. Desde ahí fuimos al Buffalo, un pseudoamericano, con nulo ambiente de tapeo y vinos de la tierra, aunque barato.

Para rematar, llegamos al Mesón Rodríguez, el descubrimiento de la noche. Un bar de los de siempre, con un camarero de los de siempre y ambiente cutre. Como debe de ser. En cada ronda, una tapa y cuando llegó la hora de cerrar, bajaron las luces, echaron el cierre y nos siguieron atendiendo sin perder la sonrisa. A la hora de pagar, 6 vinos y 1 zarajo, 10 €.
En definitiva, no ha sido un gran descubrimiento, pero creo que tendremos que volver a probar el ansiado ajoarriero.
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